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18:55h. Martes, 12 de Diciembre de 2017

A ti, sin querer

Macay.
Macay.

 

Nunca pensé que fuera a escribirte algo así. De hecho, me niego a aceptar que lo hago.

En cada frase que escribo me paro, te pienso, recuerdo esos momentos en los que la risa era la protagonista de nuestra existencia, en los que un guiño sutil nos hacía entendernos; esos abrazos a la salida de cualquier examen, en nuestros esperados fines de curso; esa complicidad que creabas casi inevitablemente con cualquiera.

No te perdono que te hayas ido y menos así, de esta forma, definitivamente. No te perdono que en tu mente y en tu alma residiera más dolor que alegría, y aún menos que no nos lo dijeras nunca.

He parado de escribir nuevamente, unos minutos, más de los que suelo necesitar para poner algo con sentido. Me cuesta seguir. Es difícil que las palabras que nunca pensaste decir fluyan como cualquier otras.

No es justo. No es justo que nos hagas contarte lo que te queremos de esta forma, lo que te necesitamos, lo que significas para nosotros. No es justo que esos momentos que vivimos ahora lleven ese halo de nostalgia, de rabia, de impotencia.

Recuerdo de forma especial tu sonrisa, siempre alerta, siempre ahí, para todos. Tu voz, cálida, serena; tus ojos, oscuros, graves, escondite de tristezas, cómplices de finales infelices.

Recuerdo tus camisas, siempre impecables, como tú. Eras especial. Lo eres. Supongo que ahora, cuando estés leyendo esto pensarás “eso se lo dirás a todos” con esa sonrisa inocente disfrazada de una picardía desentrenada. Pero no. Y no te imaginas cómo duele tener que decírtelo sin escuchar una respuesta.

No te haces una idea del hueco, del vacío, del abismo que has traído. No puedo pensar. Tal vez, no quiero. Sí, es eso, definitivamente. No quiero pensar que no habrá más. Que así lo has querido.

Es inevitable que el corazón se encoja cuando el pensamiento viene a visitarme. ¿Por qué? Miro a otro lado, me distraigo con el bolígrafo, pinto algunas estrellas, esas que inconscientemente pintaba hace años, como si no hubiera nada más, y de nuevo ¿por qué?

Creo que podría estar escribiendo durante horas. Sobre todo porque he tenido que volver a parar varias veces para intentar que entiendas lo que quiero decirte, lo que siento ahora. Pero no importa. Supongo que ya no.

Nunca nos gustaron los tópicos, siempre fuiste original, divertido, honesto, contigo y con los demás, y no quiero que esto lo parezca, aunque me resulte casi imposible. Por eso, pretendo no escribir eso de “siempre estarás en nosotros”, o “nunca te olvidaremos”, porque eso tú ya lo sabes.

Sí quiero que sepas que la herida que hoy esta abierta quizás nunca llegue a cerrarse, pero, ¿qué esperabas? La gente como tú deja huella por donde pisa y hasta cuando deja de pisar duele.

Hasta luego, Miguel.