Buscar
23:00h. Viernes, 15 de noviembre de 2019

Esta mañana, mientras venía al trabajo, escuché en la radio que a partir de mañana las mujeres de Arabia saudí podrán ejercer el derecho al voto. Ser elegibles y elegir, un derecho que han tenido desde siempre vetado.

Recién oída la noticia, como que hasta me puse contento y me alegró la batalla vencida por parte del colectivo de mujeres de aquel país, claro que cuando explicaron la letra pequeña se me vino el mundo al suelo. Colegios electorales aparte, horario de votación distinto, y por fin se van a presentar para alcaldesas o concejalas, pero no son ni el 2% del total.

¿Cómo puede ser que en pleno siglo XXI aún sigan ocurriendo tales cosas en un país que dispone de una riqueza enorme?

Me sorprende que en nuestra Europa tan occidentalizada, liberal, llena de libertades estemos tratando de luchar contra una de las lacras más importantes de este siglo, la violencia machista, en la que no escatimamos esfuerzos, cosa que me parece genial, y sin embargo permitimos que haya hechos que ocurren en otros países y no hacemos nada por erradicarlos.

Lo triste de todo es que lo enmascaramos con cuestiones culturales (recordar la batalla por la erradicación de la ablación del clítoris) y declinamos cualquier intervención porque sería, desde nuestro punto de vista, una injerencia cultural. Eso ya no se lo cree nadie, lo que ocurre es que seguimos manteniendo lazos comerciales muy fuertes con ese país y no interesa económicamente decir ni “mu”. En el fondo, estamos practicando “Violencia Machista Institucional”.

No es concebible que exista un país en el que las mujeres no puedan salir de casa sin custodia masculina; no puedan conducir, ni sacarse el carnet; no puedan llevar ropa o maquillaje que muestre su belleza; no puedan interaccionar con hombres ni puedan hacer determinados deportes; no puedan probarse la ropa al ir de compras, ni usar el gimnasio de un hotel.

Estoy convencido que las cifras de violencia machista en este país serán cero o incluso hasta negativas. Queda aún mucho trabajo por hacer en pos de la igualdad, quedan muchas cosas que decir y mucho que no permitir.

Es estupendo que nos enfrasquemos en hacer leyes que protejan a nuestras mujeres, que eviten esa brutalidad que supone la violencia del macho, pero sería también deseable que no olvidemos a otras compañeras de otros lugares.

Últimamente se oye mucho la expresión de “Capitalismo con rostro Humano”, refiriéndose a una expresión usada por el presidente de Brasil, Lula, quien proponía  que hace falta mucho valor para hablar de una humanización del capitalismo que supondría el levantamiento de barreras comerciales y la creación de un fondo internacional contra el hambre en el mundo.

Los países ricos pagarían su correspondiente cuota y buscaríamos una sociedad más justa. La idea no parece mala del todo, pero se me ocurre que deberíamos empezar por evitar mantener relaciones comerciales con países que no aceptan las más mínimas reglas del juego y que tratan a las mujeres como si no valieran para nada.

¡Qué pena que esos países solo tengan petroleo y que tristeza que lo necesitemos tanto!

Salud y Buenos alimentos.