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03:29h. Lunes, 24 de Abril de 2017

El viejo maestro

Mi padre me hablaba de su maestro en Ibahernando, aquel que enseñaba Historia y Gramática. Un día desapareció y no volvieron a verle jamás. Pero supo, que en una aciaga noche, le sacaron de su casa y le llevaron fuera, hacia la oscura tempestad de las cosas. Más allá, más aún si cabe…

Y en ese rincón triste del que te hablo,
yace la alegría y la memoria,
el pan de cada día, el sudor que tiembla de hambre,
el aguacero mordido por el polvo de la bala.

En ese rincón yace el cuaderno del niño,
la cuenta de multiplicar y la palabra libertad,
todas ellas fusiladas, todas ellas perdidas y enterradas.

Y en ese rincón triste y polvoriento,
junto al camino que ocupas,
dejaste el último recuerdo de tu escuela,
de los puntos cardinales,
de tu paso por el mundo,
de esa vieja y corrompida patria
que te cubrió un día y que te llevo el siguiente.

En esa patria cubierta de oropeles y metralla.

La otra patria, la callada y cadavérica patria,
moribunda yace en un lecho de ideologías y versos; 
tiene los ojos cerrados; tiene rota la palabra,
y languidece en las arterias fusiladas de la faringe.

En ese rincón yace tu envergadura ametrallada: 
¡viejo maestro, viejo y añorado maestro!