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19:45h. Domingo, 23 de Abril de 2017

El hombre

El hombre es un desierto donde navega herida 
la carne y su fusión de agua y materia,
la melancolía y la roca con su mineral oculto.

Un hombre es una tarde que espera su patria,
un patio con un naranjo triste en las sombras.

Un hombre es un bolígrafo y todas las constelaciones
en su tinta dialéctica, en su tinta más breve.

Es el bramido crepuscular del verbo amar.

Un hombre es apenas un segundo sobre el barro,
el sonido de la noche, donde llora el cosmos y los abedules.

Un hombre es una canción que habla del mundo y su tiempo.

Es una ola que rompe contra otra ola, el trueno y la escarcha.
El hombre es la escritura cuneiforme que llora en la piedra.

El hombre es la guerra: ¡la guerra!

Es una bala, tan sola, en la aciaga noche de la sangre,
es el trigo y el niño de voz callada: ¡la bala muerde su muerte!

El hombre es un puñal y un olivo donde arde la aceituna.

La madera inocente que alberga su cuna atemporal,
la huella y la fiera, la garganta apática,
el grito que despide la saliva, el hacha en sus longitudes de acero, el espanto con su sangre coagulada, 
el exterminio, las calles vacías con sus soledades a cuestas.

El hombre será la nada, así como la tierra con su barro sonriendo, así como el nacimiento de las especies. 

El hombre volverá de su sortilegio para nacer callado
y yacerá con todo su esplendor de derrota 
en las aceras baldías de la obscenidad.

Callen estas palabras; cubran los rostros de los libros,
pues el hombre ya viene desde la iracunda nada.

Quede, su perplejidad, expuesta en este poema que llora
que el hombre yace muerto sobre su reino.

 

* Poema del libro Balada del hombre piedra, que será publicado por la editorial Huerga y Fierro, en la primavera de 2017.