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03:30h. Lunes, 24 de Abril de 2017

A mi hermana

Aquí, hermana mía, la vida vino a buscarnos
con su eterna vocación de navegante,
en este ángulo oscuro donde danza la noche
su simetría de tiempo y arco iris.

Donde el ojo mira la desnuda altivez del lirio
o el hondo ronroneo del agua.

En este ángulo de espejos y alegría,
tan solo escucho la voz del que entona,
tan solo siento la mano de quien intuye
un mundo de horizontes y versos,
tan solo veo las sílabas que abren ventanas
y nubes de neón en la oscura y terca
tempestad del silencio.

Aquí, hermana mía, las sílabas que vuelan,
los amuletos del musgo y el obelisco.

En este lugar oscuro y agrio, hermana mía,
yo escribo sobre el dulce tintineo 
de la luz en el viento que se asoma, cada día, 
por los balcones, sobre ojos de nata 
y por las calles, muchas calles,
cubiertas de soles y madrugadas.

Aquí, hermana mía, el deber de ser feliz,
la aurora, el trueno, y otra vez 
el deber de enamorarse,
tantas veces como lo solicite,
una y otra vez, en calles cubierta de rosas,
con rostros abiertos a la vida.

Aquí, hermana mía, la vida con su deber de epitafio
nos recuerda, que estamos vivos si la miramos;
yo sueño por ello y lloro y canto
sobre la dulce y lenta agonía de un poema.

*A mi hermana melliza, Marisa Cercas, por una leve conversación que tuvimos ayer.