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19:25h. Miércoles, 22 de Noviembre de 2017

La Diosa de la lluvia

Ella tenía el corazón de un ángel en la mano
y los labios con los que besaba, 
la frente del mundo, en la otra.

Algunas veces venía desnuda
desde la ciudad más antigua de la quimera;
cabizbaja, acudía derramando entre sus lágrimas,
corazones y nubes almidonadas.

Te quería y venía, vestida de frescura,
a besarte en la luz sombría del crepúsculo.

No te quería y huía en silencio
entre nubes y arco-iris, 
como la dama azul del agua.

A veces, te la encontrabas pensativa
bajo un manto de musgo y yerba.

Otras, la veías crecer en los nidos más altos
de los árboles más altos,
de los bosques más profundos.

Ella lo era todo, así como las flores.

Olía a madreselvas, a dulces de miel,
a tierra y albahaca recién cortada.

Danzaba en los trigales y besaba al trigo.

Ella era la diosa del amor y la lluvia
cuando yo la soñaba.

Cuando yo la soñaba.
Cuando yo la soñaba.