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00:41h. Viernes, 26 de Abril de 2019

Celebraciones litúrgicas y procesiones en Trujillo entre 1587 y 1820

Imagen genuina de la Virgen de la Victoria de Trujillo.
Imagen genuina de la Virgen de la Victoria de Trujillo.

Los dos Procesionarios (redactados en los años 1587 y 1720, respectivamente) recogen el ordenamiento canónico de las costumbres religiosas desde finales del siglo XV hasta el siglo XVIII, cuando el calendario litúrgico marcaba las estaciones del cotidiano vivir, con un entramado de celebraciones, que aspiraban a convertir la ciudad de los hombres en la ideal ciudad de Dios de San Agustín.

Muchas de aquellas “devociones” y “prácticas” han llegado hasta nosotros gracias a la redacción de libros como este, donde se anotan y especifican las procesiones religiosas celebrabas y ordenadas en el siglo XVI, cuando se inician los Estatutos con que se empezó a gobernar en lo eclesiástico en Trujillo.

El Cabildo se dividía en dos; el mayor, que le componían los párrocos y beneficiados, y el menor, que formaban los capellanes.

Estos Estatutos versaban sobre asistencia a oficios, funerales, procesiones, fiestas, etc., sobre lugar y a cada uno correspondía, sobre la forma y cuantía de las distribuciones, sobre penas a los que faltaren y otras cosas pertenecientes al estado eclesiástico de la ciudad.

En el Procesionario, objeto de nuestro estudio, se recogen varias procesiones de sumo interés para la vida social y religiosa del siglo XVI en Trujillo, clasificándose como “fijas”: los Santos Mártires (San Fabián y San Sebastián), Nuestra Señora de la Purificación, la de San Marcos, San Gregorio, Nuestra Señora de Agosto en honor a la Virgen de la Asunción; otras reciben la catalogación de “movibles” como la procesión a la ermita de la Coronada, la del lunes después de Quasimodo que era para pedir por los malos temporales, la de las Letanías Menores que se realizaba antes de la Ascensión y la del Corpus Christi.

También tenían interés la procesión organizada por la Cofradía de la Cruz o Vera Cruz de los hermanos disciplinantes que se manifestaba el Jueves Santo; la procesión en honor a la Virgen de la Soledad, procesionando la imagen el Viernes Santo, y la procesión de la Piedad.

Algunas de estas manifestaciones religiosas multitudinarias han desaparecido en el Procesionario del siglo XVIII, tal es el caso de la Procesión a la ermita de la Virgen de la Coronada, costumbre que duró hasta el año 1687, fecha en la cual tuvo lugar la celebración del Sínodo placentino, la Constitución VIII dice:

Que ninguna procesión se haga à iglesia, ò Hermita, que diste mas de media legua del Lugar, salvo à algun Santuario celebre en tiempo de urgentissima necesidad ".

Desde entonces se perdió el culto en la ermita de la Coronada.

El resto de procesiones se mantienen en vigor, y otras aparecen en el Procesionario del siglo XVIII como las procesiones al culto de San Hermógenes y San Donato y a San Pablo.

Este documento es una guía para que el clero sepa a qué hora comenzaban los actos y a qué procesiones tenía la obligación de asistir, dónde debía incorporarse o dejarla cuando por obligación de misas no podía realizar todo el recorrido; en qué lugar se podían o no mudar las capas, qué ración debía cobrar, etc.

Los detalles son tan numerosos que nos hace ver con claridad cómo serían aquellas largas y puntuales procesiones por el interior de la villa, o cuando salían a extramuros, hasta llegar incluso a la ermita de la Coronada. A algunas de las cuales estaban obligados a asistir el Cabildo, el pueblo con las autoridades, las comunidades de religiosos y hasta las cofradías que había en la ciudad con sus estandartes e insignias. Pero también nos habla de los temores que afectaban a los ciudadanos por epidemias, hambres y calamidades, tan frecuentes en aquella época del siglo XVI, o de los votos que había realizado Trujillo en acción de gracias por algún bien recibido y atribuido al Poder Divino.

TRUJILLO MEDIEVAL

En el siglo XVI, Trujillo es una próspera Ciudad –título que recibe desde el año 1430– con 3961 vecinos, alcanzando máxima expansión entre los años 1580 y 1640, durante los reinados de los Austrias.

Trujillo domina su tierra, donde se extienden aldeas, lugares, ermitas y conventos. La mayoría de la población es campesina, con la excepción de hidalgos, que posee en donación real algún lugar o población como es el caso de las dos Orellanas.

Trujillo se incluía en el reino de Castilla, en la conocida Extremadura-Leonesa. Es una ciudad enclavada en la penillanura trujillano-cacereña, situada entre las cuencas de los ríos Tajo y Guadiana, centro neurálgico de importantes núcleos poblacionales como Plasencia, Mérida, Cáceres o Guadalupe.

El territorio y los lugares que configuraban jurisdiccionalmente la tierra de Trujillo desde la Baja Edad Media la convirtieron en la segunda comunidad de Villa y Tierra más extensa de Extremadura; con una superficie de más de 300.000 hectáreas y un número importante de aldeas y lugares, que estaban supeditados política, fiscal y económicamente a la Ciudad de Trujillo.

A lo largo de la Baja Edad Media, Trujillo fue concentrando bajo su poder numerosos lugares de su tierra, que frecuentemente eran visitados por los alguaciles y por señores que ocupaban importantes cargos en la Corte y llegaron a tener la posesión de la Ciudad –tal es el caso de Pedro de Stúñiga–.

Trujillo se había librado en escasas ocasiones de la señorialización pese a las promesas e incumplimientos de los reyes que aseguraron no enajenarlas de su patrimonio. No obstante, en 1474 habrá una desmembración de la ciudad y su tierra.

En el año 1475, Logrosán, Garciaz, Cañamero, Acedera, Navalvillar y Zorita se las elevó a rango de villas y fueron entregadas con pleno señorío a Gutierre Álvarez de Toledo que después permutaría por Coria, siendo la ciudad entregada ese mismo año al Marqués de Villena, don Juan Pacheco, pero al fallecer éste por un absceso a la garganta, Trujillo y su tierra cayó en manos de su hijo Diego López Pacheco.

Durante el reinado de los Reyes Católicos, el dominio de Trujillo y su tierra entrará en una serie de oscilaciones entre los nobles Pacheco, Zúñiga, Chaves y Monroy.

A partir de la paz en Castilla, los monarcas Católicos administrarán y gobernarán sus ciudades, Trujillo será ciudad realenga de Castilla.

En los inicios del siglo XVI, la población en su mayoría, vivía en la villa amurallada, donde se conservaban los vestigios medievales, la alcanzaba amurallada, casas fuertes, iglesias y ermitas. Intramuros de la ciudad vivía la sociedad estamental que estaba integrada por una oligarquía formada por una nobleza local bien considerada en la ciudad y en su tierra, agrupada esencialmente en tres linajes: Altamiranos, Añascos y Bejaranos. Tenían prestigio y poder político y económico.

Como ya hemos indicado, la mayoría de la población era campesina, pecheros, dedicados a una economía familiar o al servicio de la oligarquía, una agricultura que se combinaba con la ganadería, destacando los cereales y el viñedo.

Una economía eminentemente de subsistencia con desarrollo comercial desde que se celebraba los jueves en la zona del llano (futura plaza mayor), mercado semanal concedido por el rey Enrique IV en el año 1465 y una feria los últimos quince días de mayo, donde se abastecían de los productos que no existían en el término municipal.

El Emperador confirmó el Mercado Franco a la Ciudad, que había sido revocado por los monarcas católicos. Firmó el Privilegio Real el 22 septiembre de 1524 y lo confirmó el 9 de octubre concediendo el Mercado Franco todos los jueves del año por su fidelidad en la sublevación comunera. Entró en vigor en 1525 y fue de gran trascendencia para la actividad económica de Trujillo y su Tierra. También existía, por supuesto, el comercio diario de productos básicos.

En el Trujillo del siglo XVI, los ciudadanos convivían pacíficamente, regidos por unas ordenanzas que regulaban rígidamente la explotación agropecuaria y el comercio.

La economía en el siglo XVI era eminentemente rural. La principal fuente de riqueza era la tierra. También destacó la ganadería, el tipo de explotación fue la dehesa donde pastaban grandes rebaños de ganado ovino, en una vegetación de abundantes encinas y un sotobosque rico en matorrales.

La tierra estaba en poder de los grandes hacendados como los nobles, el concejo y los conventos (dehesa boyal, ejidos, montes y el aprovechamiento del resto de los campos).

La posesión de la tierra daba prestigio, la oligarquía estaba formada por la baja nobleza y los funcionarios del concejo, que detentan el poder económico y social; cuya administración estaba dirigida por el concejo y cuyo funcionamiento estaba regulado en las ordenanzas. Lo más característico de este Concejo fue la forma de repartirse los cargos entre los tres principales linajes: Altamiranos, Añascos y Bejaranos.

Estos linajes conforman una estructura de poder que extiende su actuación a todos los niveles en que se organiza gobierno local. Las demás familias se unen a uno de los linajes, formando los bandos-linajes, uniéndose en lazos sanguíneos.

Los regidores del gobierno de la ciudad y su tierra, son elegidos de entre los citados linajes consiguiendo de esta manera el control de la ciudad y, por tanto, el poder. Cuando las tierras pertenecientes a Trujillo son anexionadas a la corona castellano-leonesa, el concejo abierto que había imperado en Castilla va dejando paso a un concejo reducido, de esta manera, los nobles pertenecientes a los linajes Añascos, Bejaranos y Altamiranos aglutinan bajo su poder el desarrollo político, económico y social de Trujillo y su tierra, desde el gobierno local de la villa. Precisamente, del seno de estos linajes surgen en Trujillo las primeras cofradías penitenciales que comenzarán a procesionar las imágenes que aparecen escritas en el Procesionario del siglo XVI.

Por tanto, Trujillo vive en el siglo XVI su momento histórico destacado, definido por su expansión urbana, que la ha convertido en una de las ciudades más interesantes del panorama artístico nacional.

Ya en el siglo XV, la población se despliega muros abajo de la villa, buscando el llano y fijando la expansión y el esplendor demográfico y económico que para Trujillo tendrá el siglo XVI.

A mediados del siglo XV, se citan en las Actas municipales y en otros documentos concejiles los nombres de calles radiales que parten de la Plaza, y las peticiones de los vecinos a la ciudad para el empedrado de las calles se harán cada vez mas continuas: calle Garciaz (hoy, García de Paredes), San Miguel, la Lanchuela, Olleros, hasta los moros de la calle Nueva accederán a las Casas Consistoriales solicitando el arreglo de sus respectivas calles.

PRIMERAS PROCESIONES

Las primeras calles por las que comenzarían a discurrir los desfiles procesionales que bajaban de las parroquias de la Villa, se implantarían en el siglo XVI, tales como Ballesteros, Garciaz, Mingo Ramos, Sillería, Carnicerías y alguna otra.

Tenemos noticias de la existencia de algunos nuevos arrabales: en la calle de Tiendas y Nueva, camino de Medellín, asientan respectivamente la judería y morería, población que se nos presenta muy activa, dedicada a sus menesteres artesanales.

Se asientan también los dominicos y franciscanos –impulsores también, junto con las cofradías gremiales de las procesiones y el culto a las imágenes de Vírgenes y Santos–, y se citan ya tres nuevos arrabales: el Campillo, San Miguel y Sancti Spiritus.

La época del reinado de Isabel I y Fernando I fue decisiva para la ciudad y nadie desconoce la importancia que para la historia de España supuso a su vez Trujillo, particularmente en la campaña de la guerra contra Portugal y la firma del primer documento de Cancillería en Trujillo en el cual aparece por primera vez unidos Aragón y Castilla.

En ambos Procesionarios, se recogen varias procesiones de sumo interés para la vida social y religiosa entre los siglos XVI y XVIII en Trujillo, entre las clasificadas “fijas”, destacamos la festividad de los Santos Mártires (San Fabián y San Sebastián), la de San Marcos, San Gregorio, Nuestra Señora de Agosto en honor a la Virgen de la Asunción.

El veinte de enero había procesión general en honor de los Santos Mártires, San Fabián y San Sebastián, protectores contra la peste, y Trujillo tenía hecho un voto general desde antiguo ante una epidemia que afectó a toda España, aunque no especifica a cuál se refiere.

Ofrece gran interés el señalar las grandes epidemias que han devastado España durante el siglo XVI. Vale la pena mencionar la peste bubónica, el tifus exantemático, la viruela y muy especialmente la aparición en 1583, del garrotillo, con cuyo nombre designaron los médicos españoles toda angina sofocante o esquinancia, en la mayoría de los casos de naturaleza diftérica, causando numerosas víctimas.

No obstante, la situación del pequeño y mediano campesino no fue tan precaria como pudiera parecer.

Aunque todo indica que fueron quienes más sufrieron la crisis, y (de hecho) algunos sucumbieron, ya que tenían menos medios de defensa y estaban más indefensos frente a la inflación y al alza de la presión fiscal, los datos conservados indican que la pequeña propiedad libre, los llamados alodios, consiguieron aguantar y subsistir en proporciones considerables.

Gran interés entre los fieles trujillanos tuvo la procesión en honor a los Santos Mártires San Fabián y San Sebastián, repitiendo el recorrido procesional en los tres siglos.

ERMITA DE LOS MÁRTIRES

En el campo de San Juan, próxima a la ermita de Santa Ana, y antes de la construcción de ésta, existía la ermita de los Santos Mártires, de la que no quedan restos, siendo demolida esta fábrica según el vulgo popular durante la invasión francesa en el año 1809.

Los primeros datos que tenemos sobre esta ermita proceden del siglo XVI (veinte años antes de la redacción de El Procesionario). El 28 julio del año 1564, el ayuntamiento encargó a don Pedro Suárez de Toledo la realización de una campana para la ermita de los Santos Mártires a los que se tenía gran devoción.

La fiesta se realizaba solemnemente el 20 enero de cada año, con procesión que partía de la iglesia de Santa María la Mayor y a la que asistía el Clero y el Concejo en cuerpo de ciudad, bajaba desde la iglesia a la Plaza por la calle del Peso de la Harina, y por las calles de los Toros y del Espíritu Santo (actual calle de Francisco Pizarro), pasando por la ermita de San Lázaro o calzada de San Lázaro hasta concluir en la ermita de los Santos Mártires.

Finalizada la Misa Mayor solemne retornaba el cortejo procesional hacia la iglesia de Santa María, por otras calles: Calle Nueva (actualmente Margarita de Iturralde), plazuela del Azoguejo, calle de las Carnicerías y por la Plaza subía hacia la parroquia Mayor.

Las imágenes de San Fabián y San Sebastián fueron depositadas en el Convento de San Francisco el Real de la Puerta de Coria cuando se extinguió la ermita y el culto.

LA PURIFICACIÓN Y SAN GREGORIO

El día 2 de febrero se celebraba con toda solemnidad la procesión a Nuestra Señora de la Purificación, congregándose en la iglesia de Santa María el Cabildo de capellanes y beneficiados, tras la bendición de las candelas, se celebra la procesión alrededor del templo parroquial saliendo por la Puerta Nueva y volviendo a entrar por la misma al finalizar los actos litúrgicos procesionales.

También, considerada procesión “fija” estaban los actos programados en honor a San Gregorio que durante siglos –tal y como aparece recogida en los dos Procesionarios– en la ciudad tenía singular devoción como abogado de las cosechas, fertilidad de los campos y prosperidad de la ganadería, y al que en 1582 hizo voto de ir con su consejo en procesión desde la iglesia de Santa María la Mayor a la ermita de los Prados de San Juan, en la que levantó un altar a este Santo Obispo de Ostia, y en cuyo día se corrían toros y se celebraban festejos.

La ermita ha desaparecido. Pero aún se conserva en la iglesia de Santiago la imagen de San Gregorio, que fue tallada por el escultor trujillano Juanes de la Fuente en el año 1582, y fue pintada y dorada por el pintor Muriel Solano.

La procesión de San Gregorio tenía lugar el día 9 de mayo, votada por el Cabildo y el Clero de la Ciudad en el año 1582, salía de la iglesia de Santa María y discurría hacia la Plaza pasando por las calles del Peso de la Harina, de los Toros y Nueva hasta la ermita de San Juan de los Prados, donde estaba el Altar a San Gregorio (como ya hemos indicado), pasando por la ermita de San Lázaro.

Al finalizar la misa, regresaba a la parroquia de Santa María pasando por las calles de los Herreros, Carnicerías y Plaza Mayor, asistiendo las Cofradías con sus insignias y pendones.

Gran importancia tuvo la veneración a este Santo en Trujillo, una ciudad dedicada esencialmente a la actividad agrícola y ganadera. De hecho, esta imagen se ubicó en el altar de las Casas Consistoriales o antiguo Ayuntamiento, junto a la imagen de San Andrés, que fue patrón de la ciudad, obra realizada en el año 1595 por el escultor placentino Pedro de Mata, en el lugar donde se decidieron y aprobaron los asuntos más importantes que concernían a la ciudad tal o pueden constatar Libros Capitulares.

No obstante, también existió otra imagen de San Gregorio en la propia ermita de San Juan de los Prados, que era muy venerada por el gremio de labradores, contribuyendo también a su culto y al cuidado de la propia ermita con importantes limosnas el Concejo.

Por un Inventario que está en el Protocolo del escribano Juan de Santiago Madrigal, sabemos que en esta ermita había en el año 1598 los siguientes bienes muebles: dos imágenes de bulto, una de San Juan, puesto en un retablo de madera, y la otra de San Gregorio en sus altares. Otra imagen de Nuestra Señora, vestida.

Otra imagen de bulto pequeña de San Juan con el cordero a los pies. Otra de San Juan Evangelista pintado en un lienzo. Una Verónica y otra tabla de la Magdalena. Esta ermita desapareció con la invasión francesa del año 1809, según un acuerdo del Concejo con fecha 13 mayo 1825 se dice lo siguiente:

Atendiendo a que se han consumido crecidas cantidades en la extinción de langosta sin que sea bastante para votar la, se acuerda que todo vecino sin distinción presente medio celemín de langostas en el corral de la ermita destruida de San Juan a las cinco de la tarde”.

SAN MARCOS Y LA ASUNCIÓN

Las Letanías Mayores se hacían en honor a San Marcos, y fueron instituidas por el papa San Gregorio Magno (590-604). En Trujillo era la cofradía de dicha titularidad quien las organizaba. Salía de la iglesia de Santa María, bajaba por la calle del Peso de la Harina hacia la Plaza, continuaba por la iglesia de San Martín para subir por la actual calle del Estudio y finalizaba en la iglesia de Santo Domingo, donde está el altar de San Marcos, celebrándose la Misa Mayor.

Al finalizar los actos litúrgicos, volvería a reanudarse la procesión continuando por detrás de la Alcazaba (por el berrocal), por la puerta del Alba, la conocida como “Herradura” pasando por los conventos de la Magdalena y Santa María. Finaliza la procesión en la iglesia de Santa María “La Mayor” entonando la antífona gregoriana “Regina caeli letare”.

La festividad de Nuestra Señora de Agosto en honor a la Virgen de la Asunción, ha tenido a lo largo de los siglos una gran devoción entre los trujillanos. Para tener un mayor conocimiento de la fiesta más importante que se ha celebrado en Trujillo a lo largo de los siglos, y que aparece mencionada en este Procesionario.

Nos referimos a la fiesta de la Virgen de la Asunción que por distintas circunstancias del destino, llegaría a fusionarse en un momento de la historia con la fiesta de la Patrona, bajo la advocación de Virgen de la Victoria, desde que en el siglo XVI se ejecutase una imagen que representase a la patrona de la ciudad y fuese colocada y venerada en una capilla construida en el castillo entre las dos torres de la fortaleza, siendo fieles al escudo municipal y cumpliendo así la tradición, transmitida de generación en generación:

En campo de plata, una imagen de Nuestra Señora de la Victoria con el Niño Jesús en los brazos, puesta encima de una muralla almenada y acotada de dos torres, todo de gules y mazonado de plata”.

El uso de tal escudo fue confirmado por el mismo Rey don Fernando III.

Los orígenes del culto a la Virgen en Trujillo. Extremadura, región a la que pertenece Trujillo, tiene su origen en la Edad Media.

En este largo período, las unidades administrativas existentes fueron los concejos de realengo y los señoríos. En éstos, las órdenes militares organizaron la tierra en partidos o en provincias. La Iglesia seguía organizándose territorialmente superando a la división territorial civil, siendo con frecuencia punto de referencia para describir el territorio extremeño.

El culto a la Virgen de la Asunción se efectuó tras la reconquista definitiva de Trujillo en tiempos del rey Fernando III, el 25 de enero de 1232, participando en la misma las Ordenes Militares de Alcántara, Santiago y el Temple.

Según la tradición, transmitida de generación en generación, la puerta por la que entraron las tropas en la toma de Trujillo recibió el nombre de Arco del Triunfo, en con memoración al acontecimiento. Junto a las tropas de las Ordenes Militares, destacaron caballeros de tres linajes que serían decisivos en la posterior administración municipal de Trujillo: Altamiranos, Bejaranos y Añasco.

Entre los primeros destacó Fernán Ruiz de Altamirano, que logró abrir la puerta del Triunfo para facilitar así la entrada a los ejércitos. Encima de la puerta se pusieron los escudos de dichos linajes, y en una hornacina, una imagen de Ntra. Sra. de la Victoria abogada de la conquista. Pues, según una venerable leyenda, la Virgen intercedió para que el ejército cristiano venciese en la toma de Trujillo contra los infieles. Esta leyenda motivó el escudo de Trujillo que representa a la Virgen de la Victoria sobre las murallas, en medio de dos torreones.

El rey Fernando III concedió al Obispo de Plasencia, diez yugadas en el término de Trujillo, en atención a los servicios prestados en la toma de la villa.

Tras la reconquista aparecen en la villa las primeras fábricas religiosas cristianas, como es el caso de la iglesia parroquial de Santa María la Mayor, ubicada sobre el solar de una mezquita árabe, la cual sería el centro del nodo urbano más importante de la ciudad intramuros. Templo en el que se veneró y recibió culto la escultura de la Virgen de la Asunción o Nuestra Señora de Agosto.

Difícil resulta encontrar datos sobre el origen de ciertas imágenes medievales –como es el caso, de Ntra. Sra. de la Asunción– y sobre la devoción a ellas, por no encontrarse documentación en los archivos parroquiales y, en el caso de que hubiese alguna información sobre la devoción a las imágenes, se han perdido la mayoría de los documentos correspondientes, unas veces por el abandono de los mismos sacerdotes o de los seglares encargados de las cofradías y, otras veces, por las vicisitudes de la historia como la invasión francesa o la Desamortización.

Nuestra Señora de Agosto, fue considerada durante algún tiempo, la Patrona de la localidad. Según el Procesionario, fechado en 1586, antes de la Misa Mayor comenzaba la procesión que partía del templo de Santa María, pasaría por la iglesia de Santiago Apóstol para continuar hasta el Castillo y situarse ante la capilla de Nuestra Señora de la Victoria.

Tras el canto de una Antífona a la Virgen – melodía libre y sencilla que era cantada por la asamblea de fieles – y el rezo de una oración; según el Procesionario se reanudaba la procesión “por el campo pasando por el convento de Santa María, sin entrar en él”, de lo que se deduce que discurriría por la actual calle de los Mártires, y finalizaría en la parroquia de Santa María.

Precisamente, gracias a un cuadro exvoto del año 1745 existente en la iglesia parroquial de Santa María de Trujillo, nos podemos dar una idea del aspecto que tenía la imagen de Ntra. Sra. de la Asunción, que desapareció en 1809 con motivo de la invasión francesa.

VIRGEN DE LA VICTORIA

En un momento de la Historia de Trujillo, se funde la tradición histórica con el fervor popular. El escudo de la ciudad es el motivo heráldico más repetido en la iconografía mariana. El emblema del escudo en la forma siguiente:

La plata significa pureza, integridad, obediencia, celo, firmeza y gratitud. La imagen de la Virgen, devoción y agradecimiento a la victoria conseguida a los sarracenos. El muro y las dos torres declaran el brío, firmeza, constancia, esfuerzo y osadía de los moradores y vecinos de Trujillo. Y el color gules (o rojo) demuestra la sangre que en su conquista y defensa derramaron los hijosdalgos y caballeros pobladores de ella".

El escudo de la ciudad de Trujillo efigia a la Virgen de la Victoria entre dos torres almenadas sobre campo de plata las calles de la ciudad.

No contento con las imágenes guardadas en el interior de los templos y ermitas, el trujillano ha sacado su Virgen a la calle, asomándola a las puertas de la Villa y a sus plazuelas, sacralizando así el espacio urbano, en un deseo manifiesto de convertir la ciudad en un templo abierto de colosales dimensiones, que remata en la clave del cielo trujillano la imagen del Castillo.

Allí donde se encuentra, testimonia la propiedad o mecenazgo del concejo trujillano. Así lo vemos en las portadas de los predios comunales, en las iglesias de patronazgo y en las bóvedas de los templos, a cuya construcción acudió el Ayuntamiento.

La imagen del castillo con el tiempo llegaría a ser la Patrona de Trujillo, la Virgen de la Victoria. Según constatamos por el Libro de Cuentas de Fábrica más antiguo que se conserva, la imagen de la Asunción presidió el altar mayor en el retablo pintado por Fernando Gallego y su taller. Era la imagen titular de la parroquia, Ntra. Sra. de la Asunción.

Es difícil, al contar con tan escasa información en los libros de fábrica, saber qué forma tendría. Tan solo se conserva un cuadro exvoto, realizado en 1745, en el que aparecen representados la Virgen sosteniendo al Niño con su brazo izquierdo. Pero, la imagen está vestida, imposible para datar la escultura.

Podemos decir, no obstante, que puede responder al tipo medieval de Virgen sentada sosteniendo al Niño con su brazo izquierdo, en actitud hierática y sin comunicación entre ambos. Lo más probable es que se tratase de una imagen románica de campaña, traída por los conquistadores de la villa en 1232. Circunstancia que fue muy repetida en tiempos medievales, como debió de ocurrir con la imagen de Ntra. Sra. de la Coronada, sita en la iglesia de San Martín de Trujillo.

Pero, contar solamente con un cuadro exvoto popular y una vaga referencia a la imagen en los libros de fábrica, además de tener en cuenta el estilo personal del artista, en este caso mediocre; no nos permite aventurar hipótesis.

El culto a la Virgen con el Niño de Santa María, bajo la advocación del Misterio de la Asunción, se estableció enseguida, una vez conquistada la villa por las tropas cristianas. Según Tena Fernández:

"Fue la imagen de mayor devoción en Trujillo, hasta el año 1531, fecha en la cual el concejo acordó construir una capilla en el castillo para venerar en ella a la imagen que ejecutara Diego Durán, sería la Patrona de Trujillo, la Virgen de la Victoria".

Ntra. Sra. de la Asunción, titular de la iglesia de Santa María, sería la imagen que recibiría culto y sería la más venerada hasta la fecha citada. Tuvo muchas alhajas y ricos vestidos como se desprende del Inventario realizado en 1729 . Esta imagen desapareció en 1809. Su lugar en el retablo le vino a ocupar una imagen de Ntra. Sra., actual titular de la parroquia, obra del escultor Modesto Pastor, natural de Valencia.

LA VIRGEN DE LA CORONADA

Otras celebraciones religiosas reciben la catalogación de “movibles” como la procesión a la ermita de la Coronada, el día tercero de la Pascua, la de las Letanías Menores que se realizaba antes de la Ascensión y la del Corpus Christi.

La de la Virgen de la Coronada tenía lugar por Pascua florida –el tercer día–, a la ermita de su nombre a dos leguas de la ciudad, votada por el Ayuntamiento, quien pagaba la comida y daba una vela los asistentes.

En la iglesia parroquial de San Martín, cobijada bajo una hornacina del muro del Evangelio, se conserva la magnífica talla de Ntra. Sra. de la Coronada con el Niño en brazos. Pero, este no fue su emplazamiento primitivo, en la Edad Media fue muy venerada en la ermita que lleva su mismo nombre, La Coronada, situada a 10 kms. de Trujillo y, propiedad de la villa de Trujillo, fue entregada a los caballeros Templarios hasta la extinción de dicha Orden, por el Papa Clemente V con la bula Vox in excelso (3 de abril de 1312), volviendo la villa de Trujillo a correr con la dotación y culto de esta ermita y por voto solemne del pueblo.

Recordando la victoria sobre los árabes (1232), iban los trujillanos con el Concejo todos los años en procesión a dicha ermita el día tercero de la Pascua de Resurrección y se celebraba una suntuosa fiesta en honor de Ntra. Sra. de la Coronada con una procesión que partía de la iglesia de Santa María “La Mayor” bajando por la calle del Peso de la Harina, pasando por la Plaza, donde se hacía un alto para recibir la Cruz que salía de la iglesia de San Martín con su párroco y beneficiados.

Continuaba el cortejo por las calles de los Toros y Nueva, para pasar junto al Hospital del Espíritu Santo (actual calle de Francisco Pizarro) y continuar por la ermita de San Lázaro, donde se quedarían los beneficiados y capellanes mayores para despedir la procesión que continuaría en dirección a la ermita de La Coronada.

Esta costumbre duró hasta el año 1687, fecha en la cual tuvo lugar la celebración del Sínodo placentino, la Constitución VIII dice:

Que ninguna procesión se haga à iglesia, ò Hermita, que diste mas de media legua del Lugar, salvo à algun Santuario celebre en tiempo de urgentissima necesidad".

Desde entonces se perdió el culto en la ermita de la Coronada.

En el año 1809, los franceses destruyeron la ermita y la imagen de la Virgen con el Niño, fue trasladada a la parroquia de Santiago en Trujillo, ya que la ermita era aneja a dicho templo. En la actualidad se encuentra en estado ruinoso.

Merece una mención especial que dediquemos unas líneas a esta magnífica escultura, ya que es la más antigua obra escultórica conservada en Trujillo.

Se nos ofrece Ntra. Sra. de la Coronada sedente sobre un trono decorado con molduras y elementos curvilíneos, es un escaño típico de la región aragonesa, como ponen de manifiesto la Virgen de la Colegiata de Daroca o la del Santuario oscense de Salas.

Ntra. Sra. sostiene con la mano derecha lo que parece una alcachofa, mientras que con la izquierda sostiene a su Hijo. Este está sentado sobre la rodilla izquierda de su Madre, pero se gira con suavidad hacia su derecha, en un deseo de humanidad y naturalismo típico de la escultura tardorrománica.

En cualquier caso, el grupo humanizado que relaciona a María con el Niño alcanza su mayor esplendor en la Virgen de la Sede de Sevilla y en la del Sagrario de Plasencia.

El Niño de la imagen trujillana lleva corona mayestática, como es propio de la imaginería arcaica, sujeta el Libro de los Siete Sellos (alusivo a su segunda venida apocalíptica) con su mano izquierda y está en actitud de bendecir. Este lleva túnica talar de color marrón oscuro, con las bocamangas, los ribetes del cuello y la corona dorados. La policromía de la cara, al igual que la de su Madre, son modernas (retocadas en la restauración de 1979). Además, lleva los pies desnudos.

Por su parte, la Virgen María, es hueca por detrás, característico de las imágenes de campaña. Viste túnica de color blanco-marfil, con adornos de color rojizo, el cuello que ostenta la túnica es muy ajustado, rasgo típico de la estatuaria antigua. Sobre la túnica lleva un manto de color azul decorado con flores cuatripétalas, cuyos pliegues son muy rígidos, de enorme influencia románica, caen pesados y paralelos, sin naturalismo, dejándonos ver los zapatos puntiagudos con los que calza sus pies la Virgen.

Los trujillanos siempre han profesado especial devoción a esta imagen, celebrando solemnes misas en su altar en sufragio de difuntos, indulgencias por rezar ante la imagen, limosnas por agradecimientos, etc. El único Inventario que se conserva en la parroquia de Santiago corresponde al año 1857, en éste se da cuenta detallada de los ornamentos pertenecientes a Ntra. Sra. de la Coronada.

PROCESIÓN DE LA PIEDAD

El lunes después de Quasimodo (el primer domingo después de Pascua de Resurrección) el Cabildo organizaba una procesión por los buenos temporales, un año a la ermita de la Virgen de la Piedad -próxima a donde hoy está la Plaza de Toros –, y otro año a la ermita de San Juan de los Prados , siempre saliendo las procesiones de la iglesia Mayor de Santa María.

Una de las procesiones de mayor interés en la ciudad era la de Nuestra Señora de la Piedad por cualquier necesidad del pueblo. En el Archivo de Simancas se conserva el documento en el que consta la ejecución de obras de la ermita donde se veneraba la imagen de la Virgen de la Piedad, próxima a la actual Plaza de Toros, en el lugar del Campillo. Se trata de la provisión que otorga el rey para que se concedan tres mil maravedíes a la Cofradía de Nuestra Señora de la Piedad para finalizar la construcción de su ermita.

Los mayores mecenas que tuvo la ermita fueron los Chaves-Sotomayor, de hecho en la portada campeaban las armas de Juan Antonio de Chaves y Sotomayor y de su esposa Catalina de Mendoza.

La Cofradía de Ntra. Sra. de la Piedad fue muy beneficiada con rentas y donativos, tal y como reflejan sus libros capitulares (conservados celosamente en el Archivo parroquial de Santa María de Trujillo). Además, hemos de añadir que la Cofradía fue la propietaria de la Plaza de Toros de Trujillo hasta el año 1846, año que se reedificó la misma pues había sido demolida por la invasión francesa, formalizándose expediente de venta.

La sociedad de vecinos abrió una suscripción de acciones, pasando la Plaza de Toros a ser propiedad del Marqués de la Conquista don Jacinto Orellana. De la construcción de la nueva plaza se hizo cargo el arquitecto don Calixto de la Muela que recibió la cantidad de un millón de reales. Los descendientes del Marqués citado la vendieron al Excmo. Ayuntamiento en el año 1902 en veintidós mil quinientas pesetas.

Desde la destrucción de la ermita de la Piedad con motivo de la invasión francesa de 1809, la imagen se veneró en la iglesia de Jesús.

En el año 1848, se agrega la Cofradía de la Piedad a la de Jesús, desde entonces, la divisa de la Piedad iniciará el desfile procesional del Miércoles Santo junto con el estandarte de la Cofradía de Jesús.

Atendiendo a los beneficios que producían los miembros de la Cofradía de la Piedad a la de Jesús Nazareno, se acordó que en obsequio y culto a la Virgen se haga una fiesta el domingo siguiente al día de la Asunción de Ntra. Sra. el 15 de agosto.

SAN ANDREŚ Y EL CORPUS CHRISTI

La procesión de las Letanías Menores de la semana de rogaciones, en los días que preceden a la Ascensión del Señor, las cuales se fueron incorporando gradualmente a la Liturgia. Gracias al recorrido que nos ofrece el Procesionario de esta procesión, podemos considerar claramente que la iglesia de San Andrés eran los restos de la iglesia que se encontraba donde actualmente está el Cementerio Municipal y que la que consideramos como iglesia de San Andrés era la iglesia de la Vera Cruz.

Pues partía la procesión de la iglesia de Santa María, bajando por la calle de La Coria (convento de San Francisco el Real de la Puerta de Coria) y tras pasar (primero) por la iglesia de San Andrés, continuaba el desfile procesional por la iglesia de la Vera Cruz y, desde aquí, hasta la iglesia de Santiago, para finalizar en la parroquia de Santa María con la Misa Mayor.

El martes la procesión era más larga, pues tras salir de Santa María “La Mayor”, bajaba en dirección a la Plaza por la calle del Peso de la Harina, para continuar hacia el Hospital del Espíritu Santo por las calles de los Toros y Nueva; por la calle Vivancos llegaría hasta el convento de San Miguel, continuando el desfile pasando por el resto de conventos de vida contemplativa, Santa Clara y San Pedro; en la iglesia de San Martín se celebraba Misa Mayor para subir por la cuesta de Ballesteros hasta la parroquia de Santa María finalizando la procesión.

El miércoles tomaba otro recorrido, tras salir de la iglesia de Santa María y pasar por la Plaza, continuaba en dirección a la iglesia de Santo Domingo, adentrándose por el campo hacia el convento de la Magdalena, donde se celebraba la Misa Mayor, pasando por el convento de San Francisco el Real de la Puerta de Coria, finalizaba la procesión en la iglesia de Santa María.

La fiesta de exaltación eucarística del Corpus Christi tuvo una relevancia especial entre nuestros antepasados, adquiriendo gran resonancia en Trujillo en el siglo XVI hasta el presente.

En Trujillo estaban obligados a asistir todas las comunidades religiosas y el pueblo. La procesión del día del Corpus Christi partía de la iglesia de Santa María “la Mayor”, una vez congregados el Clero, el Concejo y las Cofradías con sus estandartes e insignias, en dirección a la Plaza Mayor, el cortejo solemne discurría por las calles de los Calderones, Arco de Santiago, por la del Peso de la Harina (hoy cegada). A su llegada a la Plaza, se realizaban representaciones de Autos Sacramentales, colocando el Santísimo Sacramento en un Altar.

Finalizados los actos, continuaba la procesión bajando por la calle de Sillerías, pasando por la Plazuela de San Miguel para continuar por Tintoreros, Vivancos y calle Nueva (actual calle de Margarita de Iturralde), volviendo a subir a la Plaza por la plazuela del Azoguejo y calle de las Carnicerías, que aún mantienen sus nombres. La procesión volvía a pasar por el Arco de Santiago para finalizar los actos en la iglesia de Santa María.

En el siglo XVI, la fiesta del Corpus Christi en Trujillo, era un auténtico espectáculo, sobre todo, desde el año 1563 fomentado por el culto Eucarístico que se impone desde Trento, y con singularidad en España.

La cercanía y relaciones de nuestra Diócesis placentina con la sede del Primado, (Toledo) determinó también en nuestra tierra el desarrollo esplendoroso de la fiesta del Corpus.

Durante este tiempo se levantaron arcos triunfales, altares con los bufetes (o escritorios) en los que se hacía parada con el Santísimo en la Plaza Mayor, se cubrían los balcones de adamascadas colgaduras, se extendía la juncia y otras hierbas olorosas por las calles, y en la plaza se representaban autos sacramentales, al paso de la procesión, tomando asiento el clero y la corporación civil para contemplar la comedia. Todo esto, costeado por el cabildo municipal, y no siempre, ya que estos gastos suntuarios dependieron de la situación económica de las arcas municipales, y de los dispendios de particulares tal y como queda constancia en los documentos municipales.

En Trujillo, durante estos siglos la fiesta del Corpus alcanzó gran importancia, Ayuntamiento se encargaba de la preparación de la fiesta, contando con la ayuda de los oficios gremiales –que vivían en barrios que recibían el nombre del oficio que practicaban–, músicos y ministriles del Concejo que participaban en la Procesión.

Los autos sacramentales, las farsas y las danzas se bailaban en el atrio de la parroquia de San Martín, en un tablado levantado a tal efecto, y contratadas previamente por la ciudad. Había una gran variedad de danzas y así estaban las Mitológicas, como la Danza de París; Históricas, como la Destrucción del rey Rodrigo; Bíblicas, como la de Noé cuando salió del Arca; Marianas, como la danza de la Asunción de Nuestra Señora; Hagiográficas, como la Danza de San Gregorio, etc.

El sentido de todo este despliegue escenográfico, así como los cambios externos que pueden apreciarse en las calles de todas las localidades que celebran la festividad del Corpus, supondría ocultar todo aquello que pueda recordar la vida cotidiana. La Iglesia, con su presencia en el exterior, sacraliza a la ciudad, convirtiéndola en un templo. Una capa para litúrgica parece envolver a esta ciudad mundana y laica.

El auto sacramental es la pieza teatral con música que usa de la alegoría como forma de aludir a la Eucaristía, defendiendo los dogmas católicos por los que se considera al pan y al vino de la misa como verdadera Sangre y Cuerpo de Cristo tal y como en los Evangelios sinópticos se nos atestigua.

En el Procesionario del siglo XVIII aparecen dos procesiones más a incluir en el calendario litúrgico procesional: el culto a los Santos Mártires San Hermógenes y San Donato. En una de las capillas laterales del muro de la epístola se encuentra la capilla de los Santos Mártires, San Hermógenes y San Donato. Encontramos referencias a ellos en la obra la España Sagrada del padre Enrique Flórez, el cual específica literalmente:

Que son santos atribuidos a Trujillo. En el año 1431 empezó a ser ciudad por concesión del rey don Juan el segundo; y queriendo también honrar la el autor de los falsos cronicones, que no la había dado nada en los primeros escritos, resarció bien la omisión en el último, donde la concedió veinte y cuatro mártires de un golpe, pues el adversario 307 de Julián Pérez dijo que San Hermógenes, Donato y otros veintidós mártires fueron naturales de Trogilio (Trujillo) y que allí empezaron a padecer, consumando luego su martirio en Mérida”.

El obispado de Plasencia (al que pertenece Trujillo) celebró a estos santos como propios, señalando el día 12 diciembre en que se leen sus nombres en el Martirologio, según consta por un edicto firmado por el Obispo de Plasencia don Diego de Arce el 12 junio 1651.

Previamente, encontramos referencias a la capilla de los santos mártires en la iglesia de San Martín, en el testamento de Mencía Gil fechado el 23 enero de 1566, en el cual específica que se la entierre en la capilla de los Santos Mártires y que asista a su entierro la Cofradía de los Santos Mártires de la cual es hermana.

Existen otros Martirologios que indican que estos santos mártires pudieran haber muerto en Mérida, mientras que otros los excluyen de Mérida, siendo el más antiguo de ellos el Georminiano Epternaccense.

Hemos de insistir que los mártires San Hermógenes y San Donato, no fueron trujillanos, ni siquiera españoles, ni fueron martirizados en Mérida ni en Trujillo, a pesar de ello recibieron culto y gran devoción entre los ciudadanos de Trujillo.

SAN PABLO

También, la festividad a San Pablo, nos remite a la conquista definitiva de Trujillo en el año 1232.

El gran avance cristiano en el proceso reconquistador extremeño tuvo lugar en el siglo XIII a partir de las Navas de Tolosa (1212). La concordia entre castellanos y leoneses ayudo para que Alfonso IX conquistara Alcántara en 1217 y Cáceres en 1229. La Orden de Santiago esperaba que se la cediesen considerando que había sido su origen pero esto no formaba parte de decisiones regias. Al año siguiente continuo el avance se conquista Montánchez, Badajoz y Mérida y se le entregó la primera de estas villas.

La conquista definitiva se dio en tiempos de Fernando III el 25 de enero de 1232, y en ella participaron las Órdenes militares de Alcántara, Santiago, el Temple y el obispo de Plasencia, Don Domingo.

Por tanto, tuvo lugar el día de la festividad de San Pablo. Los cristianos construyeron una ermita en su honor en el Patio-Albacar del Castillo. A pesar de haber sido construida la ermita al finalizar la reconquista y restaurada en el siglo XVI, las primeras referencias documentales las encontramos en el siglo XVII, concretamente en el año 1608, cuando se llevan a cabo nuevas reformas arquitectónicas en la misma, encargadas por Jerónimo de Loaisa, obras de reparación que estaban finalizadas en 1618, según consta en un documento de la “Comisión de Fiestas de San Pablo”.

Junto a las Ordenes Militares que participaron en la reconquista, también destacaron caballeros de tres linajes que en siglos posteriores, van a protagonizar la historia local trujillana: son los Altamira- nos, los Bejaranos y Añasco. Entre ellos destacó de forma singular Fernán Ruiz de Altamirano que logró abrir una de las puertas de la ciudad y facilitar la entrada de las tropas cristianas al recinto amurallado y así poder tomar la fortaleza. Según nos cuenta la tradición desde el siglo XVI esta puerta se llamó en conmemoración de este acontecimiento: Puerta del Triunfo.

En ella se colocaron los escudos de los tres linajes, junto a una hornacina, donde se coloco una imagen de la Virgen de la Victoria. Según una venerable leyenda, el día de la conquista se produjo un milagro después de la invocación a la Virgen para que les socorriera en esta batalla, apareció un resplandor en la muralla y contemplaron una visión celestial, poco después Fernán Ruiz abrió la puerta que les facilito la entrada.

La leyenda motivo el escudo de Trujillo que representa a la Virgen de la Victoria sobre un muro, en medio de dos torreones, y la creación en el siglo XVI de una capilla en la fortaleza en el acceso principal en la parte que mira a la población.

Una vez conquistada Trujillo los ejércitos cristianos corren hasta llegar a los márgenes del Guadiana.

En 1234, conquistaron Santa Cruz, Medellín y en febrero de 1235, Magacela.

En el Castillo, en el patio denominado de San Pablo o Albacar, se ubicó una ermita en memoria del Santo Apóstol Pablo, por haberse producido el día de su conversión, el 25 enero, la reconquista definitiva de Trujillo arrebatado a los árabes por los cristianos.

En conmemoración de la toma de Granada, los Reyes Católicos ordenaron que se reconstruyera la Puerta del Triunfo de Trujillo y se pusiera sobre el muro exterior del arco su escudo de armas. En la hornacina existía una imagen de la Virgen, que las tropas que reconquistaron la villa en 1232, habían situado en este bello pórtico de poniente.

A este lugar, después de la misa mayor, que se celebraba en la cercana iglesia parroquial el día de Nuestra Señora de Agosto, y en la conmemoración de la toma de Trujillo, en el día de la festividad de San Pablo, el Concejo y el Clero se trasladaba en solemne procesión al Arco del Triunfo, donde se cantaba una Salve con su antífona y oración. Por la tarde se celebraban los festejos populares de cañas y toros, en la plazuela de Santa María, y posteriormente, se trasladaron a la actual Plaza Mayor.

El primer testimonio documental que recogemos de estos festejos taurinos lo encontramos en el acta de la sesión celebrada por el Ayuntamiento, el día 5 de agosto de 1499, en dicho año los ciudadanos piden que manden dar los toros para el día de Santa María.

El Concejo toma el acuerdo de no aceptar esta propuesta. Pero, el hecho de encontrarnos con datos sobre festejos populares en estas fechas finales del Medioevo, no quiere decir que no hubieran existido anteriormente pues la tradición y la historia atestiguan que las que las fiestas religiosas de la Virgen de la Victoria y las corridas de toros están íntimamente ligadas a través de los siglos.

Las fiestas más extraordinarias fueron las celebradas en 1519 con motivo de haber sido elegido Carlos I, el 28 de junio de dicho año, Emperador de Alemania.

En 1531, se construye la capilla del Castillo y en ella se coloca la nueva imagen de la Virgen. Ya se hace referencias en los documentos municipales a celebrar la fiesta de Santa María de la Victoria.

Los cultos consistieron en vísperas solemnes, misa diaconada con Sermón en la parroquia de Santa María la Mayor, procesión a la ermita del Castillo con el Concejo, llevando el pendón y una imagen de la Virgen. Esta procesión se celebraba por la tarde a causa del calor, motivo por el que los juegos de cañas se celebraban otro día.