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02:47h. Martes, 21 de Mayo de 2019

La vida siempre la empiezas a comprender más tarde. El derroche de los años balancean la excusa de la comprensión. Tras el baqueteo y las tormentas en el bosque vas entendiendo ciertas cosas, aunque no logras aceptarlo.

Relaciones que se angostan, compostura en el corazón y diatribas de sociales causas hacen del presente efecto de la simbiosis del pasado. Simplificando las razones y dando motivos para abandonar el tumulto. Placentero devenir de los motivos sencillos. Sino inequívoco de cierta madurez en el rostro.

Sin favor, ni suplicando un perdón, con la vena por bandera ante cierta insolencia pasajera. El plan del mañana es cómplice del hoy. En este dislate de enredo, la vida teje su trenza de araña y abraza los fines comunes. 

Por eso, el arte epistolar es chanza y desvarío de un presente de precario. Romanticismo que amarillento mancha las conciencias, ahora que todo se digiere en un ya. No hay tiempo de reflexión.

La red dirige los pasos y es un trampantojo real a la medida de la vanidad de cada ego que la pulsa. Quizás la razón primordial de esta columna que da rienda suelta a las impresiones de mi pulso, sean los motivos de una pretendida conexión. Un enlace con las relaciones que fueron, las que son y las que serán. Un no pasaran al olvido. Una latente expresión de sentirme unido. Como una carta al que la quiera consignar. Una ciencia cierta de cómo sentirse vivo. Explayarse con la amistad y de un trago compartir vivencia. 

Tal como la Red que todo lo abarca pero de una manera descarada y dirigida, proclive a la bacanal y nada cercana con el íntimo momento del sosiego en la misiva.

La carne en la red se hace rosada y los perfiles que brotan son a veces sombras de desconocido valor. Un algoritmo no puede ser equiparado a los renglones expresos realizados con la paciencia del orfebre y la gratitud humana.

Objetivo de tesoros buscados en los confines de nombres y apellidos por aquella amistad, familiar, compañero perdidos en los baúles del pasado.

Sirva la Red como excusa o motivo publicitario, como arrebato de gif o como esperpento divertido del momento y el descontrol. Quizás objetivo de tesoros buscados en los confines de nombres y apellidos por aquella amistad, familiar, compañero perdidos en los baúles del pasado. Tal vez, como excusa del atrevimiento en la curiosidad del que observa en secreto. del cobarde cazador de datos y del ladrón de sueños en busca de saldos a los que atizar oprobio viral para expiar la propia náusea de su intimidad. 

Así pues, queridos lectores, sírvame la coartada de esta columna para hacer vínculo con los que de alguna manera nos une la vida. Y no caer en el olvido de una canción. o en el recuerdo marchito de una foto mutilada por el tiempo, apolillada de expresión y yerta en el camino.

Sirva, pues, para comprender la naturaleza de las relaciones sin Red y porqué cada cual alcanzó  su tren. Discernir las paradas compartidas y los billetes que volvimos a romper. Los que compartieron camino y trago amargo. Disculparnos de los trenes perdidos pero aprovechando cada estación con la fuerza del carpe diem. Sonriendo al supervisor sin calcular cuál puede ser la próxima parada, para disfrutar del viaje con quien quiera compartir y departir. 

Así pues, disfruten de la correspondencia y no olviden los nombres escritos en el remitente de cada carta de su historia. Al igual que, como siempre, disfruten de mi ausencia hasta un nuevo encuentro en ignota estación.