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07:59h. Miércoles, 22 de Mayo de 2019
Kiosquera
Kiosquera

Lluvia que rompió a llorar en la tarde de pertinaz sequía de acción. Controló de reojo los minutos abordando el aburrimiento de las horas muertas y la desesperación de un holocausto de silencio. Vibró el nervio y la tensión hacía aguas.

Tanta contención inevitablemente tenía que quebrarse en algún momento. El sollozo explotó en rabia hecha impotencia. 

Los pedidos eran estudiados, y el orden de las cosas, con la precisión de un cirujano, eran posicionados estratégicamente. Pero, los sucesos eran derrotas continuas y la solución no era luchar tantas horas. La hipoteca era su yugo.

El quiosco no podía abandonarlo, como la pasajera de un barco a punto de naufragio, ya que era la capitana de su destino.

Pero, las deudas presagiaban negras tormentas en la psique de su demora. El insomnio era vulgar como un insulto destemplado a bocajarro. Complicado firmamento salvar un puesto de prensa. Fue su ilusión y ahora caldo de desgracia.

Decidió cerrar antes y no permanecer expectante, viendo la zozobra del negocio que la ahogaba hasta la desesperación. Deudas anquilosadas en su columna y cierto tufo burocrático impedían escapar. Menos horas para compaginar con otro trabajo, aunque fuera basura, podría ser tabla de salvación. Sin demora, se dispuso a ojear la prensa buscando ofertas de empleo a tiempo parcial.  

Las consecuencias tecnológicas abren la brecha y el continuo desangrado no parece dejar de supurar. Es tan cruel la arrogancia de la crisis, que no respeta ni a la información ni a la cultura. 

El pasado fin de semana un periódico de tirada nacional sacaba a la calle un nuevo dominical, en un intento por evolucionar y de estar acorde con la criba cotidiana. De nuevo, volví a recuperar sensaciones, desayunando y ojeando el periódico. Un placer que con las pantallas no puedo conseguir. Una forma de vivir en peligro de extinción.

Yo que siempre he abogado por la convivencia de los medios, creo que cualquier iniciativa es loable y digna, apoyando una solución que dé cancha a todos los que participamos en el intercambio de la información y haciendo de esta riqueza, un premio para los lectores y para los mensajeros que deben cuidar su buen hacer. 

​Como todo oficio de artesano y en peligro de extinción, las tiradas son cada vez más escasas y probablemente no valga la frase “para una inmensa minoría”, parafraseando el eslogan que la cadena de televisión pública tenía para su canal conocido por La 2. Quizás, sea el romanticismo que se pringue de los emolumentos sensoriales y posesivos del legado impreso, tal como sucedió en el pasado con otros medios.

La radio se sintió apartada con el nacimiento del cine. Más tarde, fue la gran pantalla la que se sintió ninguneada por la aparición del televisor, primero en blanco y negro, para pasar después al tecnicolor. De ahí, el vídeo pareció matar la curiosidad del gato y parecía que los medios de entretenimiento e información iban a derribar y trasformar toda la idiosincrasia establecida. Pero aprendieron a convivir.

Después, la época del pirateo una vez trasformados los soportes tambalearon los cimientos, pasando a una época de convivencia con otros mensajeros, como en música el streaming que admitía las descargas legales y se enfrentaba en paz y armonía con otros nichos de mercado en el negocio musical. entre ellos, larecuperación del vinilo, los actuales cds y la reinserción del cassette como soporte divulgativo. Una vuelta a lo retro, a nivel comercial y sentimental por parte del receptor y consumidor.

Por todo ello no creo que desaparezcan los periódicos, el papel informativo. Pero si debe haber una coexistencia y una interconexión entre los sistemas. Entre lo tradicional y su evolución. Una nueva manera de adaptarse al devenir con la anuencia del futuro consumidor, porque, como decía Dylan, los tiempos están cambiando. Y siguen cambiando. 

Espero nuestra quiosquera encuentre el modo de equilibrar pasado y presente para lograr premio futuro. Como espero reencontrarme con ustedes queridos lectores.

Mientras tanto, disfruten de mi ausencia hasta nuevo encuentro. Que las quimeras no sean enlodadas, las causas románticas y justas tengan su espacio y su sitio como la última feria del libro de Trujillo. Colmando la curiosidad de los ávidos de cultura y potenciando la poesía como un noble arte que permite sobrellevar los días cotidianos.