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16:42h. Jueves, 17 de Enero de 2019

Paseo sentimental por la villa. Parte primera: Chíviri

Como el que con la lisonja de los años va quemando etapas. A veces, necesitamos una revisión para no caer en olvido y alimentar la presencia misma del presente con la revisión del pasado para no perder el norte.

Así pues, para realizar dicho compendio esta Semana Santa he decidido revisar un recorrido espiritual y físico que hace tiempo no hago. Recorrer pasado y presente por el centro histórico de la Ciudad. Reencontrarme con viejos recuerdos y revivir sensaciones que me alimentan.

El alma necesita del sosiego y la quietud de las recoletas calles y plazas. Pocos municipios poseen una riqueza arquitectónica y monumental como la villa de Trujillo.

La raíz del cancho musitando desde su cabeza de zorro la inmensa fortuna de la roca y el trazado, de la naturaleza y la historia.

El encantamiento de la urbe es una vía de escape y hasta de expansión. Más si la piel se eriza al contacto del sentimiento y las vivencias obtenidas en tan grato lugar. Sinónimo siempre de libertad para mis huesos enjutos y mi figura de hidalga estampa.

Para que las imágenes empapen los ojos y el corazón del transeúnte, nada mejor que patearla de cabo a rabo. El casco antiguo empieza en la Plaza Mayor y cada rincón es una sorpresa para no perder detalle. Una anécdota no apta para incrédulos es la fuerza telúrica que desprende este centro histórico.

Aunque suene a exageración, en algún punto existe una potencia que alcanza la tridimensionalidad vital para alcanzar la verdad. Al menos, déjense seducir por el impulso de esta sensación. Cierren los ojos y experimenten, es el centro de la vida del lugar. De estilo renacentista y con los soportales como otro de sus elementos más simbólicos.

Destacable la escultura que hay de Francisco Pizarro, el conquistador español de renombre que nació en la urbe (gemela de la que está en Trujillo del Perú) y la Iglesia de San Martín, lugar de gestión e intrigas del concejo, y símbolo de souvenir del turista errante. Más allá del estandarte creado por Charles Cary Rumsey, dedicado al fundador de la ciudad de Lima.

Puede sostener sentimientos encontrados entre los seguidores del aventurero o los enconados perseguidores del holocausto español en nombre de Dios y la fortuna pecuniaria. 

En este lugar de emblema y tradición, donde el racimo de tradiciones se presenta y se vive buscando la vivencia de las formas en los hechos presentados, el Cristo resucitado y las diferentes procesiones engatusan al viandante y el paroxismo de lo vivido va más allá de credo y religión.

Pasos y Chiviri son cometidos que hay que experimentar. Transgredir la realidad y sentir a flor de piel la oportunidad del momento. Unas veces más espiritual como la procesión del silencio. Piel de gallina entorchada alrededor de un silencio sentido e ingrávido que cala los huesos de los presentes y germina pensamiento y devoción. Siendo una de las experiencias de trasfondo religioso que más ha enganchando y enraizado en mi sentimiento escéptico.

Otras, en cambio, de contenido más carnal y lúdico como la fiesta de interés turítico regional del Domingo de Resurrección, llamado Chíviri, donde los cuerpos se entregan al baile y a los cantos regionales. Parada y fonda, enganche de algarabía y risa. Esparcimiento de color en consonancia de primavera. Mozos y mozas engalanados, aunque a decir verdad, son las damas vestidas de pastoras las que dan encanto y empuje al acontecimiento. Con la riqueza ornamental de los refajos y polleras, para hacer real la letra del "Chiviri"

Recordar que el Domingo de Resurrección, Trujillo es ciudad de acogida, hermanamiento y es lugar de encuentro para todos los vecinos de la comarca, que desde la mañana y en la Plaza Mayor, concurrían para hacer sus apaños con el ganado.

Con el paso del tiempo, estos encuentros han evolucionado hacia algo más festivo. Los lugareños se engalanan con el traje típico, sobresaliendo los aderezos de las mujeres, como ya hemos dicho, resaltando su belleza. 

"Trujillo por las Pascuas yo no sé lo que parece
Ay, chiviri, chiviri, chiviri, ay, chiviri, chiviri, chon
Que vienen los forasteros y se encocan como peces
Ay, chiviri, chiviri, chiviri, ay, chiviri, chiviri, chon"

Con estos detalles impresos, me quedo con la letra e himno para mí además de la Salve de esta localidad del alma. Espero la disfruten y cuiden estos días. No la ensucien y sirvan para purgar su alma.

Disfruten de ella estos días y disfruten de mi ausencia si no me ven por sus calles y el recorrido que quiero reencontrar. Seguiré los pasos.