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07:00h. Lunes, 19 de agosto de 2019

Ahora que la noche es campo de reyerta y la aventura juvenil, espacio violentado, con la muerte como premio y la faca sin clase que Lorca no tuvo.

Ahora que la sangre robada se vacía del cuerpo ilusorio y la fruición del homicidio fructifica en una lamentable despedida. Acoso de bandas latinas en un dispar sinsentido en la fructífera y frustrante plaza del kilómetro cero del foro capitalino, como gangrena lacerante que yerra en sociedad corrompida.

Es tal la exageración que no doy crédito al talante de los acontecimientos.

Siempre ha existido rivalidad y lucha; el nervio a flor de piel y el celo encendido en el pacer de los púberes. Pero esta desmedida de género y mortandad convierte el juncal histerismo colectivo en un miedo al futuro y al presente que asiste. Y no es, como en los años cincuenta en los Estados Unidos, una lucha justa contra la segregación racial. Es un juramento a la ignorancia y a la estulticia; un abrazo a la incultura y un caldo de cultivo a la autodestrucción.

Posiblemente, el reflejo sea exagerado en localidades más recoletas dónde los lugareños se conocen, caso de Trujillo, pero la espiral mediocre y marca societaria es real y, por tanto, equivale a una pequeña proporción que debemos asumir. Negando con educación y valores a los nuevas generaciones que van a capitanear el país y trasmitiendo desde la base para explayarse a través de las capas del crecimiento, aunque el riesgo de la sobreprotección es tan grande que tendemos a crear una de las generaciones más vulnerables y frustradas de la historia española.

El entorno y el meritoraje que se establece vulneran la competitividad sana,  como una mesnada al crédito del famoso, del medio pelo o del corrupto político de ética dispersa.

Difícil estima la del pulso desnortado y el corazón baldío. Quizás una tonada de Solomon Burke invite a tomar la fuerza con el caudal debido, limpiando todo odio y desmán impostado que genere el asesinato de una juventud que debe creer y crecer.

Tuve la oportunidad de visitar el Primer Mundo y me llamó la atención la limpieza de sus calles y parques.

Hace poco, tuve la oportunidad de visitar el Primer Mundo y me llamó la atención una cosa por encima de todas: la limpieza de sus calles y parques. Para un tipo como yo, el 'gap' entre mis percepciones y las de otra persona pueden ser más que evidentes. Pero el detalle nimio de la pulcritud de las calles hace que envidie tal hecho, deseando su asimilación en la propia cultura de nuestras gentes, como parte del respeto y la educación de unos hacía otros.

Evidentemente, Miami mostró la insignificancia del ser humano. La desmesura del capital y el exceso de consumo pueden hacer de lo mediocre un pozo del que jamás salir. Por otro lado, un crisol de culturas que demuestra la confraternización de civilizaciones, posibilitado eminentemente por la amabilidad climática y mezclando los rascacielos con el lado bohemio de las ciudades; la modernidad y la tradición.

Pero a mi vuelta, todo sigue igual, el enfrentamiento y el desacato al respeto priman sin amparo de tregua. La presidencia del país sigue vacante quizás manejada por una pantalla de plasma. Los insultos y los epítetos descorteses son doctrina. La limpieza de las ideas en entredicho, los programas son sucesos sin resolver. El lindero de la justicia es una línea discontinua que se va borrando por intereses creados. La mediocridad de uno se hace visible no por la desmesura del territorio y por la riqueza material de lo que vas viendo, sino porque los sueños y principios no tienen razón de ser, siendo absurdo confiar, trocando en escepticismo y descrédito.

Por eso, el rompecabezas es mayúsculo. Asimilando la certeza de que nadie podrá expurgar el punto del interrogante.

El gobierno desgobernado es el motivo por lo que la juventud empieza a no asimilar la democracia, atrayendo los extremos que se dieron este fin de semana en el centro neurálgico de España. Menguando la capacidad de los que ahora llaman 'Ninis' como los salarios que se van otorgando en la vulneración de los convenios colectivos y en las empresas que  crecen a base de sus proveedores como mafiosos perdona vidas. Sin que nadie ni nada amilane su juego tramposo, hasta que encuentren la horma de su zapato en un campo de reyerta en noche oscura y anónimo encuentro mortal.

Es una futurible consecuencia sino llega el barrendero que ponga orden y pulcritud a tanto desorden evidenciado.

Así pues hasta nuevo encuentro, disfruten de mi ausencia. Límpiense de  malas compañías y huyan de la suciedad intencionada.