Buscar
17:35h. Domingo, 24 de Septiembre de 2017

Siguió ignorando las cuitas mal sanas de la vida. Siguió comprendiendo los estertores de la condena en una frase resumida: haz el bien, se justo y seguirán riéndose de ti.

Clarividencia que se había hecho empírica con el paso del tiempo. Las flores en el culo no se habían hecho para el. Las diatribas existenciales le mostraban la evidencia de lo injusto, lo ingrato de las afirmaciones, como si fuera una chacha de obligación y rutina. La bofetada y la negación social de su primer "no", recriminación constante al haber acostumbrado a lo asertivo como norma dejando de lado su sentido. 

Valorando de manera desigual el silencio y el abandono a la constancia y la preocupación. Ya lo dijo el otro alguna vez: más vale caer en gracia. Y los cielos serán otorgados y la memoria borrada en su tradición con el arrebato del superviviente del holocausto, a pesar de que las huellas en la bajamar serán borradas por los desprecios cometidos, las tropelías efectuadas, la altivez de unos actos de otro tiempo.

Mientras, los pasivos y despreocupados, los que enérgicamente efectuaron del pasotismo su escapismo con cara de bobalicones les serán otorgadas las dádivas sin mover un solo dedo. Con la sola quimera de la lastima y con el mejor de los contactos como premio, ejemplo vivo del enchufismo atronador que descarga en todos los niveles de nuestro modus vivendi. 

La honestidad al igual que el cariño verdadero no se compra ni se mercadea con el. 

En este disparate vital de percepciones que asemejan al escepticismo como la mejor de las religiones, me percato de los mismos errores y no aprendo. Comprendo que el corazón puede siempre más y la propia conciencia es para algunos, un preciado confín que muchos no podrán saber de su botín porque la honestidad al igual que el cariño verdadero no se compra ni se mercadea con el. 

Los gestos diarios esconden muchas verdades y disimulan intenciones secretas para que la balanza siempre sea desigual y nos vayamos olvidando del verdadero significado de la palabra justicia. Una especie, ahora si, en peligro de extinción. 

Así pues saquen sus propias conclusiones, disfruten de mi ausencia hasta nuevo encuentro.