Buscar
17:35h. Domingo, 24 de Septiembre de 2017
Restituto Diadosa Palacios
Restituto Diadosa Palacios

No digo que la vida es un curso de cinismo e hipocresía, que mientras más acelerado entre en la incomprensión de nuestras mentes, menos inercia doliente ejercerá sobre sus quimeras y en este ejercicio de funambulismo, la praxis política se asimila y mimetiza estupendamente con los redaños sociales que asisten y dan valores a nuestra mundana realidad.

Fecundando y trasmitiendo cada poro en cada estamental situación que hallamos ante cualquier oprobio nuevo. Pero entonces, cuál es su significado de este dislate evidente.

Como a veces, la historia se muestra caprichosa y excluyente. Hace poco he vuelto a releer un libro sobre la historia de Huertas de Ánimas. Causando de nuevo sorpresa e indignación. Más tratándose de su escritor, amigo y conocedor del pueblo. Debo lamentar tal percance e intentar que no caiga en olvido un personaje que hizo mucho en el desarrollo de nuestro pueblo. Y pueda nuestro escritor errado, estudiar y escribir en nuevas ediciones al respecto.

Debo abstraer la sangre familiar que corre por mis venas y ser lo más objetivo posible. Por ello, trataré de ser lo más pragmático y conciso posible.

Nuestro personaje histórico dentro del municipio es Restituto Diadosa Palacios. Hombre trabajador, campechano y de valores arraigados. De impronta y nervio, entrañable para el pueblo, aunque ya van quedando menos personas que puedan decirlo, cuestión de edad y tiempo, por eso no quiero caiga en olvido.

Precursor y adelantado de su época. Calzado con el arrojo de hombre aventurero, como en las novelas de Salgari o Julio Verne que leíamos en nuestra mocedad, mi abuelo marchó allende los mares como polizonte de navío. Casi en los dorados veinte con sonrisa de púber e intención de conquistador. Hombre que en su declaración de intenciones y valores mucho tuvo que ver con nuestra tierra. Remarcando en su carácter las cicatrices de su pueblo. 

Restituto Diadosa Palacios, nacido al albor del siglo XX. Emigró al continente americano cuando apenas contaba con dieciocho años. Su destino Argentina. A golpe de tango y sudor se hizo hombre. Logrando su particular 'El Dorado' para afrontar futuro próspero. Después de trece años en los que logró hacer fortuna, regresó a su patria. En concreto, a su querido pueblo.

Allí se estableció de nuevo materializando sus sueños. Emprendió un negocio con un colmado, una tienda de ultramarinos. También materializó sus ansias con el campo ya que, era una persona excesivamente trabajadora, estableciendo en la comarca ganadería y agricultura, en unas dehesas que había conseguido comprar gracias a su esfuerzo transoceánico. 

El pueblo de Huertas por aquel entonces carecía de la riqueza material que hoy tenemos. Valga un inciso como aclaración, denomino al ahora barrio o arrabal debido a que había una rivalidad extrema entre Trujillo y sus centros satélites. Cuestiones ahora baladíes pero en el pasado primaba el clasismo y la diferencia de clases era abrumadora, generando una cultura y disparidad evidente. Había mucha hambruna en época de posguerra. Pueblo de grandes esfuerzos pero con pequeños recursos. Se vivían tiempos de amistad, confraternización y fervor religioso pero, el hambre impedía muchas veces el crecimiento de un pueblo que lo merecía.

​El hecho de establecer un negocio y poder realizar las labores del campo, hizo que repartiese jornales y trabajo a sus vecinos huerteños. Pero esa no fue la labor más importante por la que merece ser recordado. Una vez terminada la Guerra Civil, las consecuencias de la misma se hicieron notar de una manera alarmante en la población huertana. Más empobrecida, incrementándose el número de familias con dificultades. Triste lamento por una injusta vivencia. Extremismos políticos que dinamitaron el lar del asentamiento. 

Bien considerado por todos por su carácter altruista y un gran generador de dividendos en la economía trujillano huerteña.

Fue ese carácter luchador y humano, a veces, perseguido erróneamente. Ya que no estaba influido por ningún bando. Neutral era su estatus, inclinado hacia un humanismo que no entendía de clases. Ya que compartía su vida con todos los estamentos sociales de la época. Incluso era bien visto entre la clase burguesa del núcleo trujillano. Siendo recibido en los bancos financieros de la localidad con toda clase de atenciones y afectos. Para la época un logro importante. Considerado por todos por su carácter altruista y generador de dividendos en la economía trujillano huerteña.

Sobrepuesto a las consecuencias de la guerra y, a pesar de las cartillas de racionamiento, incentivó a la gente para proseguir a través de actos que los más mayores del lugar seguro no olvidan.  Financió y muchas veces a fondo perdido fío alimentos y enseres. 

Perdonando a muchas familias sus deudas para que saliesen adelante. Ayudando a las personas a comprar carros y utensilios para laborar. A otros les daba ovejas para que pudieran trabajar y comer cediéndoles algunas cercas, (como la del corral de la Peña).

Todo ello, unido a su ideal apolítico y humanista que lo impulsaba a estar unido al que lo necesitaba. Es lo que posibilitó a un hombre y su pueblo a estar unidos por la raíz.

 Con el paso de los años, lo he ido viviendo en las voces de la gente y creo desde aquí, en este humilde homenaje a un gran hombre y a un gran pueblo. ​No olvidando desde estas líneas la declaración de intenciones y valores, el orgullo de pertenecer a nuestras raíces. Y así lo celebraremos y lo festejaremos.

¡Qué viva la Virgen del Rosario! Así pues espero mi amigo escritor tome nota de estos apuntes e indague para conocer otro capítulo importante en la historia de las Huertas de Animas.

Disfruten de mi ausencia y espero reencontrarme con muchos de ustedes en las fiestas del Rosario.