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01:41h. Jueves, 17 de Agosto de 2017

Compendio de iluso en epitafio de intento, con regusto amargo del sabor al desencanto. Las melodías de Dick Dale se oscurecieron en la criba de un silencio incomprendido. A veces, los motivos de las buenas causas son ignorados si no hay un interés pecuniario de por medio.

Esa es la sensación que me llevo de mi estancia última en mi querida ciudad.

Fui ilusionado con una idea y en silencio baldío fue comprendida. Acaso cambiaría si trucásemos la palabra cesión por el término donación. No voy a entrar en detalles, prefiero la discreción del suceso, pero las sombras se hacen realidades y las presunciones certezas.

La Administración pública en manos de los ayuntamientos pecan de desidia cuando no hay dinero de por medio que llevarse a la talega, con su porcentaje de intermediación. Por otro lado, el ciudadano por lo general prefiere la pereza al trabajo, el subsidio al salario. Diatriba, pues, y disyuntiva que me sorprende.

De la capital del reino podía esperar ciertos anacronismos, ciertas cuitas desbocadas de modernidad y atajos de picaresca, pero en una realidad más concreta y sobre una idea altruista nada podía imaginar del asunto.

Ya no me extraña ver la desidia de la comarca cuando quedan abandonados los predios y los bares se llenan de hastío, desgana y conformismo.

Por eso, ya no me extraña ver la desidia de la comarca cuando quedan abandonados los predios y los bares se llenan de hastío, desgana y conformismo. Tan sólo un dato les digo: el pasado martes estuve en un bar de uno de los arrabales de Trujillo. Allí nos encontrábamos 14 personas: 2 pensionistas; ocho personas que cobraban algún tipo de subsidio; dos trabajadores en descanso; el camarero y la cocinera. Así pues, saquen sus propias conclusiones.

De lo demás prefiero ya callar. Difícil es cambiar hábitos y costumbres locales. Por eso, a veces, aunque te confundan las sensaciones: dónde vayas haz lo que vieres.

Disfruten de mi ausencia hasta nuevo encuentro.