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19:46h. Lunes, 25 de Marzo de 2019

Marabunta subiendo la escalera. Escapando erróneamente de la cotidiana mediocridad. Cada cual carga con su historia y Dios con las de todos. El café se espesa y los pasos cansinos son canciones de ritmo machacón.

La posibilidad surge tras dejar los escalones. Escaparía hacia una quimera. Otro grado de esclavitud aguarda a la salida del underground. Los temores son falsos consejeros y los despistes de bajas médicas sondeos de un nunca 'vuelva usted mañana'.

Con la sonrisa impresa como sello de empresa, la magia mercantil es ruptura de futuro y pregunta intencionada del qué pasará. El metro último refugio de la cabeza de avestruz. Los renglones de los libros caen en la mente del viajero. Los pensamientos difusos se ilusionan de porvenir. Otro tempo da el traqueteo del suburbano aunque estés enfangado hasta los huesos. Válvula de escape. Multo disciplinar pensamiento. Averigua las vivencias de los compañeros de viaje y entretendrás tu paso. Amortigua tu letanía y con el leproso estado del presente hallarás la causa. Porcentajes y variaciones mientras los números dispersan tu pensamiento.

El futuro no te deja escapar. Como punkis del ayer 'No future'. La regresión es absoluta y la medianía es mediocridad. El tejido se disipa y la fe se vulnera en avernos incomprendidos.  

Repaso de pensamiento y quebranto. Rotura de canaletas del agua podrida del miedo. La lástima también es subterfugio entre vagones. Sin techo de expresión el vagabundo vaga por los andenes. El músico captura notas tras los pasos errados de los largos pasillos. El loco del radio cassette anclado en los ochenta levanta las persianas del dormido pasante y sobresalta los años en su temperamento. Las escaleras son el acordeón que hace de la marea humana un compás de acorde diario. 

Mientras, las preguntas y los fraseos se repiten cada día con la constancia de la voz del que duda. Los pasos precipitados ante el silbato que avisa de la proximidad de las puertas cerradas. Los encontronazos son sorpresas del instante que se dan avanzando por el laberinto. Así, los rostros son millares por tiempo cuadrado y los metros cesiones de segundo que permiten proseguir en el entramado complejo del cotidiano sentir. 

Afuera aguarda la realidad. Ese es sólo su complejo. Complejo que, espero no inquiete sus existencias en talante cotidiano.

Asimilen a su manera y disfruten de mi ausencia hasta nuevo encuentro, como siempre.