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19:21h. Miércoles, 22 de Noviembre de 2017

Entre la línea difusa de la vida y la muerte los instantes son apreciados o despreciados. Como un rescate de suma corriente y débito constante, la frontera es cara y cruz de realidad.

La calleja estrecha acumulaba el impulso equivocado de decenas de jóvenes mientras los estertores del verbo vida equilibraban la noche al otro lado del muro.

En ese arrebato de extremos, la naturaleza marcaba su ley. El estrépito violento de la juventud con la osadía cobarde por bandera, con gestos insolentes de un botellón mal digerido, miccionaban en el arriate de una ventana.

Un silencio de luto se aposentaba en el aposento del moribundo. Gritos, cristales y neuronas partidas en derredor de la casa mientras el alma del hombre se partía entre la tristeza familiar.

Los sentidos efervescentes de los rebeldes infestaban la noche de sueños por hacer y de osadías manifiestas de mal airados. El finado recibía el adiós póstumo con las contraventanas echadas y la luz del nervio encendida hasta el amanecer.

De lamentos y realidades cumplidas, el pasado dejó y el desorden acontecido pasó a ser orden natural de su sosiego. Los planos contrapuestos guardaban su equidistancia, como norte y sur de una misma brújula, la cotidianidad fue mostrada en este macabro juego de realidades. 

Por eso, no dejo de sorprenderme y enojarme. Yo fui también joven, a mi manera lo sigo sintiendo. A pesar de mi rebeldía adolescente, guardaba unos códigos y ética como el puro rock and roll. Y son esos valores los que veo cercenarse con las hordas de nuevos españoles que confunden su arrogancia y desquitan el sombrero de la educación.

Yo también descerrajé los sentimientos primeros y también compartí tristezas, alegrías, desamores, besos y borracheras.

Yo también hice botellones pero recogía mis sobras para seguir con la farra. Yo también disfruté de la noche y cerré puertas al alba. Yo también descerrajé los sentimientos primeros y también compartí tristezas, alegrías, desamores, besos y borracheras.

Yo también fui un loco de buena fe. Como también mi generación lo fue. Pero a la contra que las coetáneas, teníamos nuestro código de honor y respeto a los mayores. Ya se, es malo generalizar. Que quede la tinta manchada sobre los aludidos, sobre los educadores, los estamentos públicos y sobre la sociedad en general. Entre todos haremos de muchos jóvenes y niños una generación de frustrados y engreídos. 

Con el recurso del náufrago, nos agarraremos a la tabla de la esperanza. Aún no es tarde para cambiar el mundo, pero eso ya lo dijeron hace mucho tiempo, desde los excesivos beatniks hasta los confraternales hippies y todos los que vinieron después. Desde el origen del blues pasando por el be bop o, simplemente, desde que fuimos jóvenes ilusos. 

Así pues, que Dios se apiade de su alma, y descanse en paz nuestro finado, que se fue sin querer entre el griterío de la chavalería y los tragos de alcohol. 

Disfruten de mi ausencia hasta nuevo reencuentro y no olviden disfrutar de la existencia pero con respeto a los demás.