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01:43h. Martes, 21 de Mayo de 2019

Febrero llega arrebatando con fuerza violenta otra vida que se aleja para permanecer en el recuerdo de mi impronta. Es duro asimilar que la naturaleza en cualquier momento nos roba a las personas que apreciamos o queremos.

A medida que nuestra crecida de años va fomentando la pérdida de nombres que habitan nuestra confianza, el desamparo es mayor. El miedo llega y corrompe, lastima los impulsos. Su mordida es la mórbida de una parte de nuestra existencia y una parte de nosotros que se marcha.

Inevitable, demoledora, la vida continua y nadie debe quedar atrás, porque si no sería motivo de derrota. Los que se van no nos perdonarían tirar la toalla. El 'tío Bernabé', como me gustaba llamarle, también se despidió sin querer llamar la atención y se unió a los ya innumerables que alimentan mi recuerdo. Muchas veces los amigos son más importantes que algunos familiares. Este era el caso, ya que la amistad con sus hijas fue motivo de confraternización y cobijo en el hogar de los Valdés. Así pues, un seguro del pasado para los años venideros.

Motivo al que seguir asegurando la amistad y su recuerdo constante, porque la suerte es que esta virtud se trasmite entre los padres e hijos y viceversa, y no sólo entre los infantes ya que, muchas veces, preocupa la compañía o las relaciones de los vástagos, siendo bonito poder compartir las generaciones para sacar mayor provecho existencial, comprendiendo muchas de las vivencias compartidas.

Asimilando las ausencias imprevistas como bancos de niebla que nos sorprenden y ciegan en la incomprensión de los momentos, la agitación política y la incertidumbre actual en el juego despótico del poder podría llevarnos hacía caminos no conocidos remarcando las derrotas del futuro de una nación. La maquinaria económica está literalmente parada. Hay tanto miedo que los huesos están fríos y el nervio tensado. el futuro negado ante la estulticia, por no decir otro término más duro.

Da la sensación que la idea de Estado está tan resquebrajada y mancillada, que las caretas de los líderes políticos se han disuelto, obsequiándonos con la verdadera cara de la hipocresía sin talante ni certeza, ni educación, ni dignidad. Los ciudadanos cada vez presentimos nuestra realidad como ausencias imprevistas sin nada que decir ni decidir. Como meros objetos de descarte, asistimos a la desmesura de las vanidades en el río revuelto que cerca Moncloa, sin saber a ciencia cierta quien será el afortunado o desafortunado pescador. 

En esta trova de dislates asistimos a un vacío que medra los vértigos y los abismos se hacen cotidianos. No hay más que ver cómo van desplantando y dejando postrados los derechos laborales recibidos tras años de luchas, con quiebros a los convenios colectivos. Amortajando la calidad del trabajo en sectores como la hostelería, en las manos de las nuevas empresas creadas a cobijo de una figura mafiosa y de la que tramposos directores de hotel y directivos sin ánimo de justicia social, con el trance egoísta del corto plazo para conseguir cuentas positivas a costa del esfuerzo de por ejemplo, un puesto de trabajo como es el de las camareras de piso.

Sólo pondré el ejemplo práctico, al que los poderes judiciales, al ejecutivo, a los sindicatos, a las patronales y demás partes implicadas en los procesos de gestión y contratación se les debería caer la cara de vergüenza. Y luego nos seguiremos quejando de los políticos. Mientras, todos ellos son unos sinvergüenzas y mafiosos.

Pero en España no pasa nada y podría poner muchos nombres. Sigamos así, que nos cargaremos uno de los pocos motores que nos quedan en la economía española. Seamos conscientes y pongan el epíteto que ustedes crean conveniente. A mí personalmente, me parecen unos esclavistas, fomentando, además, una competencia desleal que hace que las empresas no jueguen en la misma liga.

Una camarera de piso en una empresa de servicios tendría una categoría menor por el mismo trabajo: auxiliar de limpieza.

Recuerden a los taimados, las empresas de 'outsourcing', mal llamadas empresas de servicios. Más bien, empresas creadoras de lacayos y esclavos.

Un claro ejemplo, una camarera de pisos en un hotel, contratada por ellos mismos o por una empresa de trabajo temporal cobraría según convenio. En cambio, en una empresa de servicios la categoría de la trabajadora sería menor por el mismo trabajo, auxiliar de limpieza y lo que es peor, cobrarían dos euros por habitación con un ratio de unas diecisiete habitaciones, no llegando a cobrar ni la mitad que estipula el convenio de camarera de pisos. Así pues, una verdadera injusticia. Los valores políticos siguen traspasando las capas económicas del patio patrio. 

Bajo estos bancos de niebla, el futuro es un enigma y las ausencias imprevistas serán una constante. Sigamos fuertes ante las adversidades. Que los problemas sean nimios y las injusticias vencidas. Aprovechen, gocen la vida, no la compliquen, luego lamentaremos lo que no hayamos vivido. Demos plante a los mafiosos y usureros. 

Por supuesto, disfruten de mi ausencia hasta el encuentro de un nuevo artículo.