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02:41h. Miércoles, 26 de Julio de 2017

Ahora que los puntos suspensivos se suspenden en el tiempo. Ahora, que se condensan los pensamientos como un muro pesado sobre vigas en los ojos cansados. Ahora que el presente es una fanega de tierras movedizas. Ahora que el pasado yace en un silencio sepulcral. Ahora que el futuro es una apuesta por ver y una utopía por vivir. Ahora que las noticias cotidianas son la reseca sensación de tedio y hastío

De incomprensión y crueldad en 'ahoras' que se mutilan constantemente. Como segundos cortados con la sierra y los dientes crean perfiles siniestros en los momentos que se perciben. 

La soledad pesa como subida de escalones con by pass, la noche amedrenta y la persiana rota es vencida por los renglones torcidos de las neuronas. El colapso de los ciclos son angustiosos y los altibajos emponzoñan su estado febril. Del amor al odio y del odio a la derrota solo en el transcurso de una sílaba. 

Como en torre de marfil, no siente necesidad de ayuda pero sabe de su malestar. Torpes pasos que acaban en el suelo provocados por las causas de las caídas continuas. Heridas que carcomen en el intelecto. El daño físico es nimio comparado con el síquico. La sola presencia de su sombra es temblor en la voz. Los asaltos y robos continuos actos. La trampa del recuerdo es campo de reyerta para maleantes e intrusos. No concibe la capacidad de su ocaso y la culpa se percibe en la desconfianza hacia los pocos familiares que procuran su cuidado. 

Los guiones no pueden cumplirse como el que espera a Dylan recoger un Nobel.

Los guiones no pueden cumplirse como el que espera a Dylan recoger un Nobel. El protagonista quizás sepa cómo lo hizo Cohen en su despedida, pero la contundencia de la soledad mezclada con la vejez y la demencia hace un cocktail de imprevisibles y nefastas consecuencias.

La necesidad de una mayor ayuda por parte de la Administración para facilitar un acuerdo entre paciente y tutores debe ser más ligera, porque si no todo puede quedar al albur de los que peor interés tienen, atraídos por la tajada de la sangre y el tajo del finado con sonrisa de oro.

En este oropel calculado, surge el oprobio y la ofensa del sentimiento y la noble justicia poética desaparece para mayor virtud del taimado. 

Ahora, pues, que la vida es ausencia y las alas rotas están, es hora de una mayor inversión en la tercera edad. Además de ser en un futuro motor económico de nuestro país, debido a ser un estado avejentado y de mayor esperanza  de vida, debe ser sostén de personas indefensas por diversas circunstancias que puedan acontecer. Ya que hay diversidad de modelos familiares, coeficiente de hijos escasos o la propia soledad a la que su vida les ha derivado. 

Por eso disfruten del ahora y nieguen cualquier evidencia al futuro. Sucumban al presente y disfrútenlo. Ahora es hora de seguir, por eso asegúrense de estar rodeados de personas que les quieran. Aunque sea egoístamente, si no les sale del alma, por lo que pueda pasar. Disfruten de mi ausencia hasta nuevo encuentro. Y, por favor, háganlo ahora.