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04:35h. Viernes, 20 de Octubre de 2017

Trujillo, ciudad sin ley

No se puede a diferenciar Trujillo de otras ciudades españolas porque la realidad es la misma. Y tampoco es que no haya ley en Trujillo, pero los últimos acontecimientos ocurridos en Semana Santa o en la Feria del Queso aconsejan pararse a meditar los acontecimientos violentos que han acaecido y sus consecuencias.

Las peleas ocurridas el Sábado de Gloria y las ocurridas en el jueves del Puente de Mayo, los 8 conatos de peleas registrados en el Arco de Sillerías o la cantidad de denuncias por tenencia ilícita de estupefacientes dibujan un marco aproximado de cómo es 'Trujillo, la nuit' cuando se llena la ciudad de gente, y van a terminar por convertirnos en una ciudad violenta e insegura, donde salir por la noche puede resultar una tarea peligrosa.

Parece que, en vez de que querer convertirnos en ciudad Patrimonio de la Humanidad nos vayamos a convertir en una ciudad peligrosa donde la permisividad y la violencia campan a sus anchas. Y luego nos quejaremos de la policía y de la presión de vigilancia.

Todos parecen preocupados. Gobierno y oposición han reconocido que Trujillo no puede aspirar a convertirse en una 'Ciudad sin ley'. Todos coinciden en apuntar que no es posible que el infame botellón ahora se traslade de la zona del 'Unicash' al Arco de Sillerías, cuyos vecinos, por cierto, han recogido firmas para pedir el Ayuntamiento que acabe de una vez este botellón ilegal e insoportable para quienes habitan en la calle Sillerías.

La violencia desatada en la Calle Sillerías se ha convertido en un verdadero peligro y una amenaza para la integridad de las personas.

Según han puesto de manifiesto los políticos, la violencia desatada en la Calle Sillerías se ha convertido en un verdadero peligro y una amenaza para la integridad de las personas. “Eso no beneficia ni siquiera a los locales de esa calle”, ha dicho el portavoz de la oposición y con bastante razón. Nadie olvida que es una vía de salida del recinto monumental y que como tal, no puede verse colapsada y menos por un botellón.

Pero la reflexión va aún más allá. ¿Es que Trujillo se está convirtiendo en la ciudad extremeña donde se celebran los botellones más afamados de Extremadura? La respuesta pude resultar muy dura, pero camino va de eso.

El 'Chíviri', queramos o no reconocerlo, ha terminado por convertirse en un macrobotellón al que acude gente de todos sitios a ponerse como energúmenos de comer y beber , porque de lo contrario no tiene sentido que las personas consuman tantas bebidas y comidas en un día donde bailar es la única misión encomendada al paisano que quiere compartir esta fiesta con los propios trujillanos.

Pero lo peor es que la Feria del Queso lleva camino de convertirse en algo similar. El mismo alcalde de Trujillo ha reconocido estar muy preocupado porque ya, este año, había visto a personas con neveras llenas de otros productos que nada tenían que ver con el queso en la plaza durante los días de la feria.

Y es que a la gente le gusta venir de 'tapeo informal', a comer y a beber y lo que sea, a la Plaza Mayor de Trujillo en plan 'coleguitas'. Se compran un quesito y se lo zampan a la sombra, bien regado con cervezas que se traen fresquitas, para recortar gastos, y después, una ensaladita y unos cubatas de botellón en la calle Sillerías, que es donde está la marcha de la gente guapa y no tan guapa.

En efecto, la Feria del Queso está muriendo de éxito. Se ha quedado sin contenido profesional y se ha convertido en un mega-mercadillo de quesos muy reconocido en Madrid y aledaños. La feria quesera trujillana ya supone una propuesta de fin de semana donde pasarlo genial y donde ponerse las botas en un recinto patrimonial inconmensurable, y donde se ha perdido cualquier contenido profesional quesero. Todos vienen a consumir, a comprar y a vender. Nada serio, sino puramente comercial 'in situ'.

La oposición se queja, y nuevamente con razón, del mal servicio y atención que se presta al visitante en las fiestas de guardar, sean Pascuas o Feria del Queso. Han acusado al Gobierno municipal de falta de información turística en una ciudad caótica en la que no se puede circular con coche y donde es difícil no sólo aparcar sino también andar por sus calles, y complicado comer o tomar un refrigerio en una terraza.

En respuesta a eso, y aunque el Gobierno local reconoce que falta un servicio de información al turista, se ha sabido que al desmán violento de la ciudad se suma un desmedido vandalismo que ha acabado con carteles informativos y de señalización recién puestos en la parte antigua y que algunos de dichos carteles informan ya en el fondo de la alberca.

Estos 'perros salvajes', al parecer, han terminado con buena parte la iluminación del paseo de ronda del Espolón, inaugurada hace pocas fechas y cuyo gasto de reposición es casi insostenible para las arcas municipales.

Y aunque se sepa, casi a ciencia cierta, quienes son los vándalos, si no se les pilla con las manos en la masa, entran por una puerta del palacio de justicia y salen indemnes por la otra.

Así las cosas, sólo nos queda soportar botellones, peleas violentas, actos vandálicos y un inusitado trasiego de estupefacientes. Casero ha comentado haber firmado más denuncias por tenencia de substancias ilícitas el día después del puente de Primero de Mayo que en toda la legislatura.

Ya tenemos de todo y dicen los políticos, unos que tanta permisividad no puede ser y otros que van a ser beligerantes con estas actitudes, aunque Acero les llame “Herodes del siglo XXI” y otras lindezas por el estilo. Sea como sea, pero los ciudadnos desean vehementemente que terminen ya los episodios violentos den nuestra ciudad, que siempre se ha caracterizado por ser tranquila, demasiado y afortunadamente tranquila. 

No se entiende que luego los jóvenes digan que no hay de nada y que Trujillo esta muerto, si queda demostrado que tenemos de todo, pero justo lo que no deberíamos tener.