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01:49h. Jueves, 20 de Junio de 2019

El fiasco de la candidatura de Trujillo a Patrimonio de la Humanidad y sus derivaciones

No solo fue la gran ‘debacle’, la temeridad de unos inconscientes, sino una enorme ‘frustración colectiva’ a sangre y fuego, y sin anestesia, para el futuro de los trujillanos. 

Tras destinar una importante suma de fondos públicos a promocionar la candidatura y a financiar las nóminas de sus técnicos, a través de la creación de un consorcio público bajo la dirección técnica de Álvaro Casanova, nos vimos privados, de la noche a la mañana, de una magnífica oportunidad, de la mano de la industria cultural y el turismo en todas sus vertientes.

De un oxígeno necesario para que pequeñas y medianas empresas locales, o el sufrido colectivo de profesionales y autónomos que apuestan cada día para que la noble y leal logre subsistir (cerca del 80 por ciento de su tejido productivo), pudieran sortear, con alguna garantía de éxito, la penuria y el negro futuro que sobrevuela y arrastra sin remedio a esta ciudad.

A juzgar por los datos oficiales sobre nivel de renta, tasa de empleo, volumen de operaciones del comercio minorista, ratios de actividad empresarial o índices de desempleo, pobreza y número de personas en riesgo de exclusión social, elñ dato que reflejan las estadísticas de diferentes organismos públicos es evidente.

Y ahora resulta que uno de los principales protagonistas del monumental ‘desaguisado’, impune a la justicia y a la moral, y pese haber ejercido la responsabilidad de su dirección técnica, ‘conchabados’ al más puro estilo bolivariano con nuestros dirigentes locales, intenta nuevamente poner en circulación un nuevo ‘instrumento’, especializado básicamente en búsqueda de empleo para militantes, simpatizantes, familiares y allegados del PP.

Una nueva amenaza de volver a las andadas, y esta vez en nombre del Berrocal, el paisaje natural y el socorrido medioambiente, y a cuenta de las regiones más pobres y menos desarrolladas de Europa como es Extremadura, y por derivación directa, Trujillo y su comarca.

Un ‘núcleo duro’ rendido a los pies del 'sumo pontífice’ del gobierno local, a cambio, eso sí, de favores inconfesables.

Si entonces el objetivo fue desde una perspectiva macro, nada más y nada menos que Patrimonio de la Humanidad, ahora los parámetros son micro, socios de referencia ‘agazapados’ entre lo público y lo privado, y un ‘núcleo duro’ rendido a los pies del 'sumo pontífice’ del gobierno local, a cambio, eso sí, de favores inconfesables. Y bien ‘pertrechados’, como no, algunas asociaciones y colectivos afines, al cual más variopinto, constituidos en los nuevos ‘estómagos agradecidos’ a la sombra del erario público.

Un título nada ambicioso, simple y llanamente ‘el Berrocal, sensaciones compartidas de Trujillo’, como si se tratara de la génesis natural de nuestras vidas, amenizado, eso sí, con aquel insufrible y agotador discurso de las sinergias, la colaboración ciudadana y las economías de escala que proporciona la transversalidad, una fanfarria muy propia de personajes dispuesto a ponerse las botas a costa de los pobres contribuyentes, y donde más de uno es percibido ya como un auténtico ‘francotirador’ de subvenciones. Sobretodo, si quien corre con los gastos son nuestros socios europeos, que menos que cuatro o cinco añitos para vivir del cuento, a pesar de que como en el caso de ‘Trujillo, Patrimonio de la Humanidad’ el tiro errara por la culata y, excepto los privilegiados en nómina, a los demás nos diesen por ahí, por ese mismo real sitio.

Una especie en plena forma, maquinando junto a políticos ávidos de nuevas sensaciones, las principales ‘líneas maestras’ de los nuevos negocios que se avecinan. Unos políticos además ‘locos por la música’ y capaces de todo a cambio de un destino de relumbrón más allá de la desidia local.

Y todo ello por la ‘patria’, es decir, por el maná de fondos comunitarios que llegarán a Extremadura, y de los que Trujillo, muy probablemente, se podrá beneficiar. Algo que para el resto de trujillanos, después de la experiencia de ‘Trujillo, Patrimonio de la Humanidad’, es inquietante y requiere cuanto menos de una reflexión serena, pues estamos hablando del único espacio geográfico del estado español subsidiado por la divergencia existente entre su nivel de renta (desarrollo) con la media europea. Y esto no es una broma, es la inescrutable y cruda realidad.

Sería muy halagador, ante tanto despropósito, que los trujillanos hubiéramos aprendido la ‘lección’, aunque algunos todavía continúen viéndonos como lerdos en redil, y seamos plenamente conscientes de que no tomarse en serio los programas de ayudas que nos ofrecen nuestros vecinos europeos, nos condena de por vida y supone, en la práctica, una pérdida brutal de oportunidades que limita considerablemente las posibilidades de frenar la sangría del paro y promover un más que urgente plan de empleo local y juvenil.

Es una negación a cambiar el rumbo de un maltrecho y deteriorado tejido empresarial y comercio minorista, y a no hacer nada por salvaguardar la desesperada situación que atraviesan actualmente colectivos dedicados a la atención de personas con discapacidad, así como la sostenibilidad de los servicios sociales que se promueven en favor de las personas mayores.

Estamos hablando de algo esencial para la vida de los trujillanos que ha de ser transparente, y que no es aconsejable (por peligroso) dejarlo al albur de los que ostentan el poder, ni mucho menos a los cantos de sirena de aquellos, que al calor de las subvenciones, pretenden hacer su particular agosto.