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La Opinion

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El Patrimonio en manos de quién

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Director | 11 de Enero de 2013

Raro es el día en que no me cuentan alguna “hazaña” del arquitecto municipal de Trujillo, don Manuel Ruíz Narciso, que me queda “boquiabierto y ojiplático” y también raro es el día que me pregunto cómo es posible que siga al frente de este departamento municipal.

Raro es el día en que no me cuentan alguna “hazaña” del arquitecto municipal de Trujillo, don Manuel Ruíz Narciso, que me queda “boquiabierto y ojiplático” y también raro es el día que me pregunto cómo es posible que siga al frente de este departamento municipal.
Se dice que todo el mundo es inocente en tanto no se demuestre lo contrario y la presunción de inocencia está basada en que no es necesario demostrar la inocencia sino la culpabilidad, ante una denuncia. Sin embargo, en el caso del Urbanismo y del Patrimonio en Trujillo, los hechos hablan por sí solos acerca de quien está al frente de ello.
El arquitecto municipal de Trujillo, además de estar imputado en un feo asunto de licencias relacionadas con establecimientos de la calle García, es el mismo que ha firmado el proyecto para la construcción de una plaza de abastos en la Plazuela del Molinillo, que no se adapta a la normativa sanitaria y no puede abrirse al público. Es el mismo que ha supervisado y firmado las sucesivas obras de arreglo de la piscina municipal, que han costado cientos de miles de euros a los trujillanos y que finalmente se ha saldado con la construcción de una nueva. Es el mismo que firmó y certificó el proyecto de una piscina climatizada inviable, que no puede abrirse al público porque ni se adapta a la normativa ni hay bolsillo que la mantenga, enterrando en ella cientos de miles de euros. Es el mismo que firmó y supervisó las obras de remodelación de la plazuela de Guadalupe, destrozando un entorno singular para asemejarlo al Mausoleo de Lenin. El mismo que firmó y supervisó las obras de sustitución de la conocida “Jaula de los Leones” en un palmeral de no se sabe qué. Es el mismo que dio el visto bueno y supervisó la eliminación del Paseo Ruiz de Mendoza, para construir un techado convertible que cobija un parking y con la anuencia de su primo, el entonces alcalde. Es el mismo que ha firmado una lista de obras y restauraciones en la parte antigua, a todas luces, cuestionable desde el punto de vista patrimonial, y el mismo que ha permanecido impasible ante obras de gran envergadura como la que atraviesa el Berrocal y que, probablemente, informó favorablemente en su dia. Es el mismo que ha sido “látigo y castigo” de constructores y promotores de viviendas en Trujillo que caían en desgracia por desavenir sus intereses. Es el mismo que acumula una interminable lista de “pecados” confesables pero indemostrables, porque las palabras se las lleva el viento y porque para medrar hay que tener cierta habilidad. Y su responsabilidad está intacta...


El Urbanismo y el Patrimonio de Trujillo están en manos de este señor, el arquitecto municipal, que campa a sus anchas como “Dios y Señor” del ramo y que el actual equipo de gobierno, inexplicablemente, mantiene en su puesto y rango, a pesar de los pesares.
Si de otro lado, se tiene en cuenta que una de las voces y criterios más fiables en materia de Patrimonio, y que por ello estaba al frente de la Oficina de Patrimonio recién instaurada por el gobierno municipal, ahora está vacante, cabe preguntarse en manos de quién está la defensa del Patrimonio de la ciudad. Pero también caben otras preguntas, sin respuesta por el momento, al respecto de si dicha Oficina de Patrimonio se creó para cumplir el expediente y las exigencias de la malparada declaración de la Unesco o porque, realmente, por primera vez, se empezaba a tener conciencia y responsabilidad de proteger nuestro legado patrimonial. También cabe preguntarse si habrá recambio o permanecerá cerrada la oficina y con ello también si el criterio para la defensa y conservación del Patrimonio volverá a estar sujeto a las veleidades de una comisión, a la que igualmente se cuestiona su eficacia y sus decisiones.
Nadie ha respondido a estas cuestiones, pero los hechos hablan por si mismos. Bendita sea la presunción de inocencia.

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