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01:56h. Martes, 21 de Mayo de 2019

Sebastián de la Torre, campanero

Campana de Ronda. 1816 Ayuntamiento de Trujillo.
Campana de Ronda. 1816 Ayuntamiento de Trujillo.

La evocación, recuerdo o añoranza del sonido de las campanas tiene las más de las veces un componente religiosos de vida y muerte, de celebración o tristeza. Pero hubo un tiempo en el que otras campanas dieron a conocer otra historia en la ciudad.

Situada en la torre de la iglesia de Santiago, referente del concejo, la campana de la ronda durante muchos siglos acompañó con su sonido la seguridad del interior de la villa, convocó a caballeros ante sus muros y anunció fuegos, fugas y alborotos.

Cuando la vieja y quebrada campana de ronda de la iglesia de Santiago se funde de nuevo en 1816, el ayuntamiento decide trasladarla a la espadaña que ha de construirse sobre las casas consistoriales de la plaza.

En su obra “Trujillo histórico y Monumental”, don Juan Tena recoge el acuerdo que el 24 de febrero de 1817 desliga para siempre a la campana de la ciudad de la antigua iglesia de Santiago y nos da cuenta de sus toques habituales: “ciento veinte campanadas para la queda en el invierno a las nueve y en el verano a las diez, distribuyendo aquéllas por pausa de a cuarenta, y cuando se les avise por algún vecino a fuego, fuga de presos, alboroto popular o demás lo ejecuten sin orden de campanadas, y que cuando el Ayuntamiento salga reunido de las Salas Consistoriales para cualquier objeto, dará cuarenta campanadas”.

Pero no fue ésta la única vez que el sonido roto de la campana de ronda hubo de componerse.  En febrero de 1533 la ciudad acordó fundir una nueva campana aprovechando en parte el metal de la que hasta entonces sonaba desde la iglesia de Santiago. Como obra de la ciudad, las condiciones para su ejecución fueron pregonadas por Marcos Martín y poco después acudían a la ciudad quienes estaban dispuestos a realizarla.

García de Güemes y Alonso de la Bárcena, campaneros, vecinos de la Merindad de la Trasmiera, presentaron ante el corregidor Bernardino de Ledesma y los regidores su oferta: ellos harían la campana según el deseo de la ciudad, con estaño de Inglaterra, y estaría lista veinte días después de Pascua Florida o a más tardar en Pentecostés. La ciudad aportaría el herrero para el eje, madera para el torno y las sogas que se necesitasen.

Pregonadas las condiciones ofertadas por los campaneros trasmeranos, el trujillano Andrés Dalmao rebajó el precio ofrecido por aquéllos. No es campanero y quizás solo quiso forzar a que el precio exigido a la ciudad fuese rebajado de nuevo por Güemes y Bárcena en una práctica que no era extraña en la ciudad. Tal vez por ello, la Semana Santa de 1533 transcurrió sin que la ciudad encontrase quién quisiese o pudiese mejorar la oferta de Dalmao.

En abril, de nuevo un trasmerano acude a la ciudad y presenta su oferta. Sebastián de la Torre, campanero, quiere hacer la campana de la ronda y rebaja en un real la oferta de Dalmao. Natural de Entrambasaguas, forma parte de una larga lista de campaneros cántabros que a lo largo de siglos recorrieron los caminos creando los sonidos que desde torres y espadañas marcaron los ritmos de vida, rezo, trabajo y descanso.

Asentado después en Ávila con su hermano Alonso, Sebastián de la Torre fundirá unos años después las campanas “Asunción” y “Alfonsí” de la catedral de Toledo, pero antes tendría que hacer la campana trujillana.

Cerrado el acuerdo con Sebastián de la Torre, Trujillo tuvo que esperar a que el campanero terminara otros trabajos. Una última demora para que de nuevo desde la iglesia de Santiago el sonido de la campana de ronda llenara las calles de la ciudad.


1533, julio 4. Trujillo

 Este dicho día, ante los dichos señores, paresçió Vastián de la Torre, canpanero, e dixo que caso que él avía tardado de venir a fazer la canpana de Santiago para la ronda, que él agora venía para la fazer e conplir lo que está asentado y es las condiçiones que él fará la dicha canpana buena a contentamiento de los señores justiçia e regidores e que sy no saliere buena que la tornará a fazer a su costa e asentose con él que la canpana sea entre dos tallas, que ni sea redonda ni esquilonada e que sea de doze quintales de fundiçión e quede la canpana en diez quintales poco más o menos y que la dicha canpana fará a su costa e puesta e asentada e enexada en la torre de Santiago a su costa e con las otras condiçiones que de prinçipio asentaron Garçía de Huelmes e Alonso de la Bárzena e que lo que diminuyere en el fuego sea a costa de la dicha çibdad e que el dicho maestro tome el metal que sobrare de la dicha canpana al preçio que costare, lo qual fará en el preçio que Andrés Dalmao la puso y un real menos, dándole madera para el torno e casa para obrarlo y conforme al remate.

E que para la dicha canpana traya el metal de la sobra de la canpana que hizo en Cáceres y que le paguen la traedura de Cáceres a esta çibdad y más lo que costó puesto en Cáceres y a cómo lo pagó la yglesia de Cáçeres, trayendo dello testimonio.

       Vastián de la Torre (rúbrica)

(Archivo Municipal de Trujillo. Legajo 20.14, fol. 21)