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02:39h. Miércoles, 26 de Julio de 2017
Reconnaissance de la ville de Truxillo. 1809. Detalle. Service Historique de la Défense. Vincennes.
Reconnaissance de la ville de Truxillo. 1809. Detalle. Service Historique de la Défense. Vincennes.

La situación de dominio de Trujillo sobre su entorno hará de sus elementos defensivos piezas clave en su configuración como núcleo urbano y el carácter militar es el que prima en la mayor parte del período medieval.

Sólo la pacificación del reino en los últimos años del siglo XV hará que alguno de estos elementos (esencialmente la fortaleza) pierda parte de su razón de ser y comience un lento pero constante deterioro.

Fortaleza y muralla son, en gran medida, la razón de ser de Trujillo en una parte importante de los siglos medievales en que la frontera sufre constantes vaivenes y la defensa de Trujillo y su entorno las hacen imprescindibles.

Controlar la fortaleza es controlar la ciudad y en aquellos momentos en que Trujillo fue entregado por la Corona al poder señorial, la donación de la ciudad no se consideró efectiva cuando no se pudo hacer entrega de aquella. Así en 1469, Enrique IV habrá de compensar con la villa de Arévalo al conde de Plasencia, don Álvaro de Zúñiga, al no conseguir que el alcaide del castillo trujillano, Gracián de Sesé, lo entregase a don Álvaro.

Tampoco disfrutó del señorío sobre Trujillo don Juan Pacheco en 1474 y de nuevo es el alcaide del castillo el que personifica la negativa a tal concesión.

La guerra civil que inicia el reinado de Isabel de Trastamara nos hace ver cómo en ocasiones ciudad y fortaleza llevan “vidas paralelas” en manos de poderes enfrentados sin que ello impidiese incluso la estancia de la reina Isabel en la ciudad. 

En manos de la Corona desde 1477, en la fortaleza trujillana habrán de realizarse una serie de trabajos encaminados a remediar los efectos que los diferentes asedios a que se vio sometida tuvieron en su estructura.

Los distintos alcaides que se suceden en su tenencia reclamaron una y otra vez inversiones de la ciudad que permitieran financiar “çiertas obras nesçesarias que en la dicha fortaleza se han de fazer”. 

En 1490, la Corona señaló una cantidad, 50.000 mrs. como aportación anual y obligada de la ciudad a las obras de reconstrucción y mantenimiento de su castillo, indicándose que tal contribución cesaría cuando terminasen las obras consideradas necesarias, “e dende en adelante non gasteys más los dichos çinquenta mil mrs.”.

Se inicia entonces un conflicto de competencias entre el alcaide y los regidores por el control del dinero y de las obras, que seguirá vigente en el primer cuarto del siglo XVI. Deberían ser los regidores quienes administrasen los maravedís destinados a las obras en la fortaleza, indicaban los propios regidores.

El alcaide, por el contrario, consideraba que el control de las obras y los gastos deberían estar en sus manos o en las del corregidor y quienes, nombrados por él y la propia ciudad, supervisasen que las obras se adecuasen a la calidad y necesidades defensivas de la fortaleza. Y así, en la Real Provisión que los Reyes Católicos envían al corregidor de la ciudad  solicitando que remitiese al Consejo Real información sobre las obras efectuadas en la fortaleza, las cuentas de lo que se ha gastado y su parecer sobre quién debería hacerse cargo de su realización, se hará constar la queja del alcaide Juan Velázquez para quien la intromisión de los regidores en unas obras sin control, había ocasionado que su calidad no fuese la correcta, debiendo ordenar deshacer parte de lo ya construido.

1503, septiembre 9. Segovia

(...) Sepades que por parte de Juan Velásquez, del nuestro consejo e nuestro alcaide de la fortaleza desa çibdad, nos fue fecha relaçión por su petiçión diziendo que por nos, por una nuestra carta, le avíamos mandado que diese cuenta de los çinquenta mil mrs. que de los propios desa dicha çibdad mandamos dar para las lavores de la dicha fortaleza, la qual diz que fablando con devida reverençia fue muy ynjusta e agraviada contra él porque diz que sy nos fuéramos ynformados de la verdad de cómo pasava lo susodicho no mandáramos dar nuestra carta, porque diz que nos por otra nuestra carta ovimos mandado que los dichos çinquenta mil mrs. de las dichas lavores se ayan de gastar a vista de dos personas, la una nonbrada por él e la otra por los regidores desa dicha çibdad e diz que él nonbró a su logarteniente de alcaide de la fortaleza e que desta manera se han gastado los dichos çinquenta mil mrs. a vista de la persona que los dichos regidores tienen nonbrada conforme a la dicha nuestra carta. E diz que como a los dichos regidores les aya movido la afiçión en esto han dado a fazer las dichas lavores a destajo a las personas que ellos quieren e diz que a esta cabsa las dichas lavores no se han fecho ni fazen tan buenas como de otra manera se farían e a nuestro serviçio cumple. E diz que por estro él visitó la dicha fortaleza e que por no estar bien fechas las dichas lavores fizo derribar más de çinquenta pies de una barrera que en la dicha fortaleza se lavra, la qual dicha barrera fuera muy buena sy los dichos regidores quisieran entender en ello. (...)

(Archivo Municipal de Trujillo. Legajo 10.14)