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02:35h. Martes, 21 de Mayo de 2019

A lo largo del tiempo, siempre ha habido animales a los que hemos ido cargando de atributos humanos. Aparecen en cuentos y fábulas y en ellos reflejamos virtudes y desafectos humanos, cuando su comportamiento es simple y llanamente animal.

Aún cuando ahora nos sintamos como una sociedad razonablemente civilizada y desarrollada, nuestros comportamientos y actitudes no responden sino a ese continuum de actitudes que a lo largo del tiempo hemos ido teniendo. Unas actitudes que, posiblemente, tienen su referencia en nuestro largo desarrollo humano como sociedades cazadoras, recolectoras y agroganaderas.

Lobos (Canis lupus) y zorros (Vulpes vulpes) han sido dos especies que han sufrido especialmente esta atención, posiblemente porque su desarrollo vital les hacía estar en convivencia y competencia de territorios en los que la agricultura, y sobre todo el ganado y la caza, eran fundamentales tanto para el sustento humano como para el de lobos y zorros.

En ellos se ha visto reflejada la maldad y la fuerza, la astucia y el robo y siempre la sangre de ganados. Considerados dañinos, alimañas, siempre han estado en el punto de mira de cazadores y perreros, de alimañeros y pastores, que con lazos y trampas, con venenos y corrales de lobos, y siempre con la ayuda de sus parientes amaestrados -los perros- y armas diversas según la época, los han abatido y relegado a zonas más recónditas de una geografía de montes y montañas, de riberos y berrocales.

Hasta tiempos muy recientes del siglo pasado, en los que el lobo ha gozado de protección, sus cabezas y camadas siempre han estado a buen precio pues había que erradicar las alimañas, lo dañino, el mal.

Se perseguía a los adultos y crías y además se pagaba bien por su captura y muerte, buscando su erradicación. A pesar de ello, lobos y zorros, especialmente éstos, han sorteado monterías y todo tipo de trampas y engaños, aun a costa de que un número muy elevado de ellos perecieran y vieran su cuerpos, sus cabezas y pieles, expuestas en plazas y mercados, en prendas de abrigo…  Mientras seguían alimentando noticias y cuentos, canciones y leyendas.

El arca atesora informaciones preciosas y precisas sobre tantos temas que no es de extrañar que también lobos y zorros aparezcan en ella, con noticias o decisiones que no son sino la concreción de comportamientos que los seres humanos hemos tenido hacia estas especies desde tiempos muy anteriores a que se construyera el arca y que han llegado a nuestros días.

Porque si siempre las cabezas y camadas estuvieron a buen precio, hubo momentos en que, buscando el ahorro, el concejo decidió aprovecharse del rechazo atávico hacia estas especies consideradas dañinas, cuya caza sabían que seguiría incluso sin la recompensa que otras veces se ofrecía.

1583, abril 29. Trujillo.

Zorras, no se pague derechos.

Este día se acordó que de aquí adelante no se libre ni pague cosa alguna de las zorras que se mataren porque, aunque es muy bien que se maten, ninguna persona anda a matarlas y las que se matan y registran es acaso y ansí no las a de dexar de matar el que pudiere y se ahorra de los propios en cada un año çien mil mrs. poco más o menos.

(Archivo Municipal de Trujillo. Legajo 57, fol. 4r.)

1587, junio 27. Trujillo.

Cómo se an de pagar los que tomaren lobos

Otrosi, por quanto a causa de aver montes bravos de xarales y otros matorrales en el término desta çiudad ay muchos lobos y se crían y multiplican e hazen mucho daño en los ganados, de que viene perjuizio universal, porque aya personas que se ocupen en matallos, hordenamos y mandamos que por cada lobo mayor que matare qualquiera persona en el término desta çiudad, se le den e paguen de los propios de esta çiudad un ducado de oro y de cada camada que sea de quatro lobos quinientos maravedís, y si tuviere más de los quatro lobos la dicha camada, que se dé por cada cabeça çien mrs. Y que el mayordomo que pagare lo suso dicho e el escrivano del ayuntamiento que hiziere el dicho libramiento señale los pellejos de los dichos lobos de la señal que suele hazer esta çiudad, para que se vea que los dichos lobos están pagados y no se pueda otra vez tornar a demandar cosa ninguna con los dichos pellejos a la dicha çiudad. Y de cada zorra se pague medio real y si fuere tomada en el berrocal un real e se corte las orejas y jure do fue muerta el que la trajere.

Y en el ayuntamiento que se tuvo por los muy ilustres señores justiçia e regidores en doze días del mes de otubre de mil e quinientos y setenta e nueve años se hizo ordenança en que se mandó dar por cada lobo grande que se matare dos ducados y por cada camada mil maravedís.

 (Archivo Municipal de Trujillo. Legajo 42.22, fol. 23v)