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02:44h. Miércoles, 26 de Julio de 2017
La plaza del pueblo". Fototeca del Instituto del Patrimonio Histórico Español. Archivo Ruiz Vernacci.
La plaza del pueblo". Fototeca del Instituto del Patrimonio Histórico Español. Archivo Ruiz Vernacci.

Escudriñar en el arca en ocasiones depara sorpresas de muy diferente signo. Guarda, bajo tres llaves, documentos siempre valiosos para el concejo, la ciudad y sus ciudadanos.

Documentos de muy diversa índole y con una importancia y valor igualmente diverso y siempre elevado: Libros de Acuerdos y Cuentas, deslindes de dehesas y montes, padrones y censos, cédulas y decretos reales… Una copiosa documentación atesorada a lo largo de siglos en la que poder rastrear y desgranar la vida de Trujillo, su tierra y sus habitantes.

Pero no es el arca lugar de cartas personales y rara vez encontraremos en ella documentos de tipo epistolar. Con frecuencia, en las reuniones del concejo se procede a leer correos que dan cuenta a la ciudad de las novedades de la corte, anuncian nombramientos o trasmiten requerimientos a la ciudad de autoridades civiles o militares. Son cartas formales, oficiales, que nada nos dicen de la vida de sus autores.

Las otras cartas, las que están llenas de retazos de tiempo, de momentos y añoranzas, de pedazos de vida, de ilusión o tristeza no juegan un papel de importancia institucional o económica para el concejo y la ciudad. Sin embargo, de tiempo en tiempo, entre documentos de uno y otro tipo, quien se adentra entre estos "viejos papeles" cargados de historia tiene, a veces, la sorpresa de encontrar una pequeña nota personal olvidada entre los folios de un contrato, o una carta que se confundió entre otros documentos oficiales.

Y aún mayor es la sorpresa cuando la riqueza del arca proporciona  una pequeña colección de cartas personales que nos hacen ver con otros ojos un momento histórico concreto, que nos permiten acercarnos un poco más a algunos de los protagonistas de esa otra historia oficial.

El abogado Antonio Julián de Villanueva y Garay conservó las notas y cartas que desde Arroyo de la Luz, Brozas, Cáceres y la finca de Magasquilla le remitió el marqués de la Conquista, Jacinto de Orellana-Pizarro y Contreras. En ellas le encomendaba la realización de trámites administrativos, el cobro de algunas de las deudas que personas o instituciones tenían con el marqués, acordar el arrendamiento de algunas de sus propiedades o trasmitir sus opiniones a algunos de sus conocidos. Nada especialmente importante ni trascendente si no fuera por el tiempo en el que fueron escritas estas misivas. Porque el periplo viajero del marqués de la Conquista estuvo motivado por la guerra.

Un conflicto, el de la Guerra de Independencia, que le llevó a alejarse del peligro que suponía Trujillo: “ayer nos hemos restituido a esta casa de nuestra peregrinación”, escribía en noviembre de 1811 desde Arroyo de la Luz, decisión que consideraba acertada “a causa del mal sistema que han guardado los crueles curros pues no se hoye más que lamentos, rovos y golpes continuados”.

Tras la muerte de Jacinto de Orellana-Pizarro el 3 de noviembre de 1814, Antonio Julián de Villanueva siente que no ha sido recompensado debidamente por los quehaceres que en nombre del marqués ha realizado “Luego que el Marqués difunto entró en posesión de sus mayorazgos el año de ochocientos siete” y hasta su fallecimiento. Así, alega, fueron suyos los escritos y diligencias que realizó “para eximirse al señor Marqués de ir a el Congreso de Bayona, quando tubo orden de Napoleón”, los tres recursos que se siguieron en Trujillo, en la Real Audiencia de Cáceres y en la Capitanía General “sobre haver alojado el correxidor Rivas en las casas de el señor Marqués a el General francés Rane” o la defensa del marqués que siguió con el ayuntamiento trujillano de 1812 “sobre haverle despojado de las llaves de la fortaleza”.

Fueron muchas las veces que Villanueva tuvo que desplazarse al lugar de residencia del marqués, allá donde estuviera y reclamado por él, acudir allá donde fuera preciso resolver sus asuntos e incluso le acompañaría a Valencia de Alcántara “a complimentar a el señor Castaños y evaquar allí las diligencias sobre la exención del señorito don Agustín”.

En pago de sus servicios, que él valoraba en 11.926 reales y 12 mrs., había recibido de Jacinto de Orellana-Pizarro a lo largo de esos difíciles años algunos cerdos, varios corderos, algunas varas de tejido, chorizos y morcillas, una chaqueta de paño de Zaragoza que le hicieron en Arroyo a la vuelta de Valencia de Alcántara y algunas cantidades de dinero. Unos pagos que valorados por Villanueva en 2.457 reales, le llevaron a reclamar a la marquesa viuda, Bárbara de la Plata Quintano, los 9.469 reales restantes.

En 1814, Villanueva y Garay es regidor de la ciudad, pero los años de guerra le dejaron “reducido a la situación yndigente (…) con pocos medios para su subsistencia y la de su familia, habitando en una mansión lóbriga, yndecente y llena de humedades que hacen más penoso su mal y se agraba el de su muger”. Reclamar por tanto la abultada deuda que a su parecer le debía satisfacer la marquesa viuda, debió parecerle una solución a parte de sus males. Se entabla entonces un pleito entre ambas partes en el que las cartas salen a relucir, porque Villanueva conservaba muchas de las misivas que Jacinto de Orellana-Pizarro le había remitido en esos conflictivos años y presenta como prueba de que sus quehaceres y viajes fueron encargo del marqués 35 cartas que se suman al pleito y se recogen en él.

Y en ellas vemos retazos de unos años difíciles, de preocupaciones económicas, de salud, de seguridad por los cercanos, y se ve la cercanía de una relación que la marquesa viuda nunca entendió de trabajo: “iba, benía y se estava el tienpo que le acomodava; unas veces se le mandava llamar y otras sin esta circunstancia se presentava a divertirse a jugar al mediator, en cuyo tiempo se tratava de algunos asuntos de la casa, respondía lo que le parecía, escrivía alguna que otra carta, sacava apuntaciones de las dehesas y fincas pertenecientes a la casa”.

Y si no fueron trabajos encargados, tampoco los regalos fueron remuneración a dichos quehaceres: “siempre oyó decir al Marqués que estava aquél bien recompensado. Que los cerdos y borregos de que abla el segundo otrosí del referido escrito se le dieron de regalo, como siempre lo ha tenido la casa de costumbre con todos los sugetos que ha ocupado en demostración de agradecimiento”.

Hasta 1817 debió esperar Antonio de Villanueva para ver reconocidas sus exigencias económicas. Y no fueron los 9.469 reales que reclamó por sus servicios. La Real Audiencia de Extremadura sólo reconoció como deuda pendiente los 800 reales que, precisamente en una de las cartas presentadas como prueba, Jacinto de Orellana-Pizarro prometía entregar a Villanueva como pago a sus servicios.


1811-1814

Mi estimado amigo, por el señor Juan Moreno recivirá V.m. ésta en que le hago el más completo cargo en que busque a el padre comendador de la Merced, fray Juan Carrasco y le propondrá que hallándome en la necesidad de un sujeto que instruyese a mis niños, no hallava ninguno más a mi gusto que el expresado, a el que desde luego le haría un partido ventajoso que con la mayor deciencia pudiera portarse, V.m. le hará las instancias que más pudiera comvencerle para que viniese y estaría uno, dos o tres meses y si le acomodava seguiría y si no podía hacer lo que fuere su voluntad, en el firme supuesto que desde aquí nos marchamos a esa de Truxillo, que será lo que a el Padre Comendador tal vez le acomode más; sobre este asunto no tengo más que advertirle y señora se halla empeñada en ello, como es justo por el vien de sus hijos, a la vista ablaremos; expresiones de señora y V.M. no dude le estima su más afecto Q.S.M.B. = El Marqués de la Conquista= Magasquilla y marzo veinte y nueve de mil ochocientos trece.


Muy señor mío y mi amigo, he recivido la que V.m. me dirige y me hago cargo del grande disgusto que le a acaecido a V.m. con el grande padecer de la niña, lo que me es muy sensible y la deseo su total alivio. Bárbara igualmente siente el disgusto que le causará la pertinez enfermedad de Jacinta. Quedo enterado que a pesar de sus queaceres con la asistencia de la pobre enferma va V.m. a practicar las diligencias que le encargo execute con Don Isidro Parejo; hasta ahora no hemos dicho nada a Mariquita del mal de su hermana según V.m. avisa. Con motivo de marchar mañana a Cáceres le envío a V.m. la niña, la que le lleva seis duros y Lorenzo pasará a esa dentro de dos o tres días y socorrerá con más cantidad  pues el dinero que aquí tenía lo remití a el padre capellán a Cáceres para el labaje de la lana y el dicho Lorenzo hirá a la Madroñera y se vendrá por esa para que entregue a V.m. lo que le digo. Celebraré que la enferma se alivie según V.m. desea y que cuente con la fina voluntad que le profesa su más afecto y amigo. Que S.M.B.= El Marqués de la Conquista. Magasquilla y enero, seis de mil ochocientos catorce. = Señor Don Antonio Billanueva.


Señor don Antonio Billanueva = Mi amigo y dueño, doy gracias por la enorabuena que V.m. me da de haver recaído en mi el grande peso de la Real Jurisdicción de esa ciudad; seguramente sería para mí de grande complacencia si no tubiere otros asuntos a que atender de suma importancia y travajo, pero me anima estar muy próximo la venida del correxidor en propiedad y así quedaré fuera del ruido de la jurisdicción que en el día es sumamente odiosa, siendo uno de los obstáculos el paso continuo de tropas y proporcionar estas muy malos ratos a los jueces. = Lo mismo que a V.m. dije en el tiempo que me cita, reitero ahora participándole cohuyugaré a quanto dependa a su vien estar. = Amigo, incluyo a V.m, el oficio que me dirigen de esa participándome vaya en el día de hoy a entregarme en la Real jurisdición y teniendo un poco de retoque de mi continua rehuma en una rodilla, no tener en ésta carruaje, me es forzoso me ponga V.m. una contestación dando a entender mis deseos a cumplir el cargo de Regidor Decano, pero necesito tres o quatro días y en este interin ver si me recobro para poder en buena salud desempeñar mi empleo, al mismo tiempo disponer la casa donde vive Cisneros para mi abitación, remitiendo los muebles necesarios hasta que con más aportunidad pueda berificar la otra mi casa principal. = Mi Agustín está tomando la quina de resultas de una calentura que le dio ayer con todas las señales de tercianas y para ver cómo logro no le repita otra y me de lugar para que le podamos conducir a esa ciudad, he dispuesto dicha operación. = Miguel es el dador de ésta, el que puede poner la contestación que le insinúo, traerla enseguida y remitirla esta misma tarde de forma que no se origine queja alguna y quedemos en el mejor lugar, buscando en los mejores términos apoyando sobre el quebranto de mi salud para tener algunos días de treguas, reondear mis asuntos y reforzar mi salud. No me ocurre más, que V.m. no dude procurará complacerle su afectísimo y amigo Q.S.M.B. = El Marqués de la Conquista = Magasquilla y agosto seis de mil ochocientos catorce. = Señor Don Antonio Villanueva.

(Archivo Municipal de Trujillo. Legajo 1079.6)