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00:41h. Viernes, 26 de Abril de 2019

Buscando soluciones para la iglesia de la Consolación

Con todos mis respetos al Obispado de Plasencia, y al señor Obispo, que como presidente del Patronato, tiene todo el derecho a decidir junto a los otros dos miembros del mismo, el Arcipreste de Trujillo y el familiar de doña Margarita, sobre el destino de la iglesia de la Consolación del Colegio Santiago y Santa Margarita.

Con todos mis respetos al Obispado de Plasencia, y al señor Obispo, que como presidente del Patronato, tiene todo el derecho a decidir junto a los otros dos miembros del mismo, el Arcipreste de Trujillo y el familiar de doña Margarita, sobre el destino de la iglesia de la Consolación del Colegio Santiago y Santa Margarita. Me gustaría, como trujillano y antiguo alumno, exponer mi punto de vista ante la decisión que pueda tomarse sobre la utilidad de este magnífico templo, el más grande de la ciudad, que tanto ha significado y significa para los trujillanos.

Perteneció como sabemos al magnífico convento de los Dominicos, en el siglo XVII, y luego pasaría a ser colegio preparatorio militar hasta que fue adquirido finalmente por doña Margarita de Iturralde en 1925, para convertirlo en colegio de primaria gratuito para niños, incluida la iglesia, que reformó al estilo de la época para el culto de este colegio. Fueron primero los Padres Agustinos, más tarde los Hermanos de la Salle, y por último, los Claretianos los encargados docentes. Al final, por falta de religiosos para esta labor, como era el deseo de la benefactora, se cerró definitivamente hasta que una cooperativa de profesores laicos, lo solicitó y utiliza el edificio, sin la iglesia, cedido, tan solo a cambio de su mantenimiento.

La iglesia había seguido abierta con buen criterio por parte de don Lucas Ávila, párroco ya fallecido de San Francisco, solo para el culto vespertino de los domingos con la idea de mantenerla activa. El párroco sucesor, don José Conde, respetó esta iniciativa durante bastante tiempo, hasta comprobar que la cubierta, amenazaba peligro de desprendimientos. Ante esta situación, y antes de decidir su cierre, nos pidió a los asistentes que le ayudásemos a buscar alguna solución, puesto que había pedido al administrador del Patronato en repetidas veces que repararan la cubierta, a lo que siempre contestaba diciendo que el Patronato no tenía dinero.

Ante el ruego del párroco, me ofrecí a crear un grupo de antiguos alumnos para exponer el caso al Patronato; le pareció bien, y así lo hicimos. El Obispo en una rápida respuesta, vino a inspeccionar la iglesia y muy acertadamente, decidió inscribir el inmueble en el consorcio que mantiene con la Junta para recuperar edificios históricos y decidieron cerrar el templo al culto, ante el peligro de desprendimiento de la cubierta.

El párroco lo comunicó a los feligreses en noviembre de 2008 al tiempo que lo público en el diario Hoy y envió copia de ello a la consejería de Cultura de la Junta, la cual se interesó rápidamente y con buena disposición por el inmueble, y envió de inmediato a técnicos para que valorasen las obras y realizaran un proyecto de restauración.

El magnífico técnico Manuel Viola, fue el arquitecto designado por la Junta para realizar la inspección. Y en este intervalo, se produjo un cambio de Gobierno y por desgracia, comenzó la fatídica crisis económica, con lo cual, las cosas quedaron como estaban y por esta difícil situación, el grupo de Antiguos Alumnos decidimos esperar una mejor ocasión, para reclamar de nuevo atención e interés sobre este asunto.

Y en este 2013, aparecen indicios y voluntades decididas a abordar cierta demanda social que podría ser la solución para dar vida al magnífico edificio, en la forma que ya planteó el grupo de Antiguos Alumnos. Por tanto, hay motivo para reanudar la causa y clamar e insistir que se preste la atención debida a la situación de este valioso inmueble, legado de doña Margarita a Trujillo y que, en honor a ella, no debe estar abandonado al constante deterioro. Urge darle alguna utilidad para beneficio de la comunidad, como fue el deseo de nuestra benefactora.

Entiendo que el Obispado desee que siga siendo iglesia. Me atrevo a asegurar que todos los que fuimos alumnos, también. Posiblemente todos los trujillanos, querrían lo mismo. Pero el edificio no pertenece al Obispado y es propiedad de un Patronato que no tiene dinero porque sus fondos se han agotado. La pregunta es obvia: ¿Quién puede sufragar la costosa obra que necesita? Esta es la cuestión.

El Obispado sin ser suyo el edificio ni tiene obligación de hacerlo ni creo que pueda. La Junta, es seguro que tampoco lo hará mientras éste edificio no sea público. Y una suscripción popular, en la que alguien pueda pensar, siempre sería insuficiente para un importe tan elevado. Y si “otro alguien” pudiera pensar en el único mecenas que nos queda, como doña Margarita, léase, don José María Pérez de Herrasti, es también obvio decir que tiene bastante ya con Santa María y San Martín. Sin embargo, entiendo que hay soluciones porque menos la muerte, todo la tiene, ya lo creo que sí. Y todos estamos obligados a buscarlas; porque a todos nos interesa.

En mi modesta opinión existen dos posibilidades y las voy a exponer. La primera, que ya planteamos en la primera reunión al Arcipreste y miembros del Patronato, sería fundir este Patronato de Santiago y Santa Margarita, con el de “las Alberguerías” que sí es rentable, por el alquiler de la finca. Dijeron que era difícil, pero que quizás cabría la posibilidad y podría ser una solución. De este modo, los propietarios tendrían posibilidades para asumir la obra y si su deseo es que siga siendo iglesia, pues que lo sea, y todos tan felices, pero que se haga.

La otra, sería ceder el edificio a Trujillo, que es en realidad a quien pertenece y el deseo de su donante, que no era otro que el de beneficiar a los trujillanos de su utilidad. En este caso, el Ayuntamiento tendría potestad para utilizarlo de la forma más adecuada a los deseos de la fundadora.

Y teniendo en cuenta que la demanda de servicios religiosos en Trujillo está perfectamente cubierta con las tres iglesias principales, más las conventuales, el destino más uidóneo del edificio sería, por su gran capacidad y ubicación, albergar lo que hoy necesita está ciudad y más deseamos los ciudadanos. El ansiado auditorio que toda ciudad de prestigio debe tener para eventos importantes y con capacidad suficiente de futuro ante su crecimiento.

Esta idea que ya propusimos en aquella reunión, puede que sea la mejor solución para salvar el monumento. Quisiera poder convencer al Obispado de ello. Desearía que este argumento no fuera rechazado así porque sí y pediría al Patronato que lo sopesara con detenimiento, pero sin demora. No podemos permitir que siga deteriorándose mientras esperamos, de brazos cruzados que se derrumbe la cubierta, sin determinar ninguna alternativa. Hay que darle uso cuanto antes.

Las cofradías que buscaban sede, podrían haberse beneficiado de esta maravillosa iglesia. Ya que no ha sido así, hagamos otro esfuerzo, para intentar hacer de ella un magnífico auditorio que nos permita llevar a cabo grandes obras culturales que son también un beneficio no solo para los sentidos, sino también para el alma. Estoy completamente seguro de que doña Margarita, que con toda seguridad nos está observando, lo entiende, admite y lo aprueba.

Me consta, que el Ayuntamiento tiene ya realizado un buen proyecto para convertir en un magnífico auditorio esta iglesia. Solo falta que se realice la cesión para llevarlo a cabo. ¡Pidámoslo con fuerza! La iglesia no se va a destruir, quedaría intacta; solo su interior albergará ahora una actividad diferente y cultural. Hagamos ver al Patronato, que es una “necesidad” que tiene Trujillo y que demandamos los trujillanos Y ésta sería, sin duda, la mejor ubicación para un auditorio, además de una buena y digna forma de salvar el edificio.