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10:47h. Viernes, 17 de Agosto de 2018

EL COLEGIO MARÍA DE LA PAZ ORELLANA FESTEJA SUS BODAS DE PLATA

25 años formando y educando a niños trujillanos

Hace 25 años un grupo de profesores se embarcó en una aventura empresarial, cargados de ilusiones y esperanzas: educar a niños y jóvenes trujillanos y ofertar un nuevo centro educativo en la ciudad, y cumpliendo, además, los fines fundacionales de Margarita de Iturralde que hace más de un siglo antes creó el Colegio Santiago y Santa Margarita que ahora ocupan.

Fachada del colegio María de la Paz Orellana. Foto cedida.
Fachada del colegio María de la Paz Orellana. Foto cedida.

Los siete profesores fundadores iniciaron esta aventura en el Colegio de las Carmelitas cuando en 1989 la congregación religiosa decide marcharse de la ciudad para atender otros centros de la orden más prioritarios en capitales de provincia.

Fueron las propias monjas quienes les animaron a crear una cooperativa y, por un precio simbólico y testimonial, les cedieron el uso del edificio para que continuaran su labor docente. Incluso, una monja carmelita se quedó un año más en el centro para orientarles y ayudarles en sus comienzos.

Fue entonces cuando tuvieron que buscar un nuevo nombre a la cooperativa, y por diversos motivos legales y administrativos, decidieron el de María de la Paz, una bienhechora del colegio que trajo a la orden carmelita a la ciudad en el siglo XVIII.

Poco tiempo después, empezarón a oirse rumores de que las Carmelitas querían vender el edificio y en medio de esta incertidumbre, el entonces arcipreste de la ciudad, Florián Rodríguez, que además formaba parte del patronato de la Fundación Santiago y Santa Margarita, hizo una oferta a los profesores cooperativistas. Les propuso una cesión del colegio que estaba justamente enfrente, el conocido como 'Colegio de los Hermanos', al tiempo que les advirtió que el patronato no disponía de dinero alguno para ayudar en su remodelación, con lo que no tendrían ninguna aportación.

Cuando fueron a visitar las instalaciones, el centro llevaba cerrado ya varios años y el panorama era desolador: maleza por todas partes, suciedad, humedades, suelos levantados, derrumbes, instalaciones inservibles... Aún asi, les pareció un valor seguro y decidieron asumir el arreglo y avalar con sus bienes los más de 50 millones de pesetas del coste inicial de las obras para abrir nuevamente el colegio. A esa cantidad fueron sumándose otras obras y mejoras posteriores hasta alcanzar la fisonomía que tiene en la actualidad.

UNA AVENTURA

El 25 de julio de 1996 firmaron la cesión del edificio con el obispo de Plasencia, que entonces era Monseñor Carlos López, por un período de 30 años renovables. En septiembre de 1998 fue inaugurado el nuevo colegio, ya bajo el nombre de María de la Paz Orellana.

Aunque actualmente tiene las necesidades de espacio resueltas, recientemente el obispado les ha vuelto a ceder otra zona más, la de la vivienda de la fundadora Margarita Iturralde, que no han sido remodeladas por el momento.

El Colegio María de la Paz Orellana es un centro concertado con el Gobierno de Extremadura, que imparte Infantil, Primaria y Secundaria Obligatoria y en él cursan sus estudios cerca de 300 alumnos.

Con el tiempo, la plantilla inicial de 7 profesores ha pasado a los 19 que tiene en la actualidad, mas 3 personas de servicios, y por el han pasado ya dos generaciones, que suman cerca de 3.000 alumnos, muchos de los cuales, son hijos de antiguos alumnos. Y ya se han jubilados dos profesores.

De este modo, se cumplen los objetivos fundacionales que su fundadora, Margarita de Iturralde, soño en 1920 cuando fundó y abrió las puertas de este colegio: que sirviera para educar gratuitamente a los niños de Trujillo.

FESTEJAR UN ACIERTO

Carmen esta a punto de jubilarse, lo hará cuando termine este curso y es uno de los fundadores del colegio.

Tiene la memoría casi intacta sobre los pasado en estos 25 años y recuerda los avatares por los que han tenido que pasar. “Cuando vimos el colegio por primera vez, se nos cayó el alma a los pies y nos entraron ganas de salir corriendo. La maleza llegaba a las ventanas del piso superior y todo estaba salvaje, pero nos convencieron de que podía arreglarse y nos dieron un presupuesto aproximado. Aunque nos llevamos las manos a la cabeza, decidimos tirar hacia delante y aquí estamos”, cuenta esta veterana profesora con ese tono que tienen las personas acostumbradas a luchar.

“Si nosotros no hubieramos aceptado arreglar esto, ahora mismo sería un solar porque se habría derruido todo. Estaba todo en un estado lamentable”, asegura Carmen.

Para hacerse una idea, sólo hace falta echar un vistazo a la iglesia que forma parte del colegio pero que no asumió la cooperativa -aunque consta que en algún momento el obispado llegó a ofrecersela- que amenaza ruina y nadie está haciendo nada por ella. Todo parece indicar que terminará cayéndose, porque nadie hace nada a pesar de haberlo prometido en varias ocasiones. Dicho sea de paso, que lo peor es que el obispado tampoco deja hacer nada a terceros y sigue empeñado en nadie entiende qué, epro la realidad es una ruina.

La cesión terminará en el año 2030, porque los años de obras no contabilizan, y hasta entonces parece asegurado que el colegio seguirá educando niños. El centro cubre con creces el número de plazas que oferta cada año y tras un cuarto de siglo, ha conseguido un reconocido nivel y prestigio, sumando una propuesta educativa laica a la oferta educativa de la ciudad.

Desde luego, tienen motivos sobrados para celebrar este aniversario y ya lo están festejando durante este curso con un atractivo programa de actividades que incluye actividades ludicas y deportivas, conferencias, conursos y exposisiciones y que culminará con un acto central e institucionaly encuentro de antiguos alumnos y más cosas aún por decidir.

Con este motivo han abierto una página en Facebook ( con el fin de que los antiguos alumnos puedan estar bien informados de las actividades programadas y escribir sus experiencias o subir antiguas fotografías.

DATOS HISTÓRICOS

El Colegio Santiago y Santa Margarita fue gestionado en sus orígenes por los frailes Agustinos, pero alcanzó su máximo esplendor bajo la tutela de los Hermanos de la Salle que estuvieron al frente de la institución durante muchos años, convirtiéndose en un baluarte educativo de la ciudad.

La marcha de los Hermanos de la Salle puso el centro en manos de los religiosos Claretianos, que lo gestionaron durante unos años, pero finalmente también dejaron la institución,

Tras algún tiempo cerrado, este grupo de profesores trujillanos tomó la iniciativa y volvió a reabrir el colegio bajo el nombre de María Paz Orellana, y avalando una importante inversión en su modernización y adaptación. El grupo docente se ha hecho cargo ya de todo el edificio, menos de la iglesia, que cerró al culto a finales de 2008 y cuyo deterioro avanza de forma inevitable.