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21:25h. Domingo, 08 de diciembre de 2019

FUTBOLISTAS JUVENILES TRUJILLANOS JUEGAN EN EL C.P. CACEREÑO

No son profetas en su tierra pero sí unos campeones auténticos

Nueve jugadores juveniles del C.F. Trujillo tuvieron que abandonar hace un año el club por desavenencias con la directiva. Cuatro de ellos han recalado en C.F. Cacereño donde han aupado al equipo a la categoría nacional que un año antes también hicieron para su equipo. Han sido maltratados y despreciados en casa y han tenido que ser 'profetas' en otra ciudad y con otro equipo que no es el suyo.

El clan truji: Kevin Trevejo, Mario Díaz, Alberto Beato e Iván Grande con la camiseta verde del C.P. Cacereño.
El clan truji: Kevin Trevejo, Mario Díaz, Alberto Beato e Iván Grande con la camiseta verde del C.P. Cacereño.

Ahora que la Liga ya ha acabado, la competición pura, y se sabe quiénes la han ganado, es el momento de hablar de vencedores y vencidos, de esfuerzo y voluntad. Y aunque los 'Messi y Ronaldos' son que llenan las portadas de los periódicos y los titulares de los informativos, al menos por un día, la portada de hoy la merecen otros.

Son jóvenes trujillanos que han convertido su pasión por el fútbol en su estilo de vida y de una manera callada, han hecho que triunfe la cordura sobre la sinrazón, el tesón sobre el rencor.

Son los juveniles ex jugadores del Club Trujillo que decidieron abandonar los colores de su club natal y fueron castigados por ello.

Tuvieron que marcharse al C.P. Cacereño, tras pasar un infierno, y ahora han vuelto a hacer posible el milagro del ascenso a la liga nacional con los colores verde y blanco del equipo capitalino.

Es la segunda vez que consiguen el ascenso. La temporada pasada auparon al Trujillo a la división nacional y lo han vuelto a hacer con el Cacereño, porque nadie es 'profeta en su tierra'. Algunos, incluso han vivido tres ascensos de categoría en su corta vida futbolística.

Iván Grande, Kevin Trevejo, Mario Díaz y Alberto Beato son 4 de los 9 juveniles que decidieron marcharse del C.F. Trujillo el año pasado, tras ascender a la liga nacional y sufrir las primeras decisiones de la nueva directiva que se hizo cargo del club trujillano.

Sin un motivo confesado, aunque sí previsible, los flamantes dirigentes del Trujillo decidieron prescindir del entrenador de los juveniles, Carlos Luengo, a quien ni siquiera llegaron a ofrecer el puesto, y ahí comenzó el calvario de estos jóvenes.

Carlos será lo que sea, pero nosotros queríamos que fuera nuestro entrenador porque con él jugábamos al fútbol y aprendíamos. Si no te diviertes no quieres jugar al fútbol”, comentan cabizbajos y casi entre dientes los que se han prestado a hacer la entrevista.

Y la verdad es que no quieren hacer demasiadas declaraciones ni remover nada de lo que acontecido: “lo pasado, pasado está. Nosotros, de momento, no pensamos volver”, asienten.

Cuando anunciaron su marcha del club comenzó su penitencia.

Puede parecer que aquí se acaba la historia, pero hablando con ellos pudimos averiguar muchas otras cosas. Por ejemplo, que tras anunciar su marcha del club comenzó su penitencia.

Los responsables del C.F. Trujillo les negaron la carta de libertad y aunque tenían proposiciones para jugar en otros clubes, no pudieron hacerlo al no estar liberados por el Trujillo.

Se empecinaron hasta el punto de que tuvieron que intervenir sus padres para negociar con el club su liberación. Aún así, tuvieron que pagar 65 euros cada uno y se quedaron “en prenda” los 20 euros que les obligaban a los chavales a entregar a principio de temporada en concepto de 'equipamiento'.

Algunos de los 9 juveniles que se marcharon, hicieron pruebas en la U.P Plasencia, que milita en la división de honor y se mostraron muy interesados por ellos.

Finalmente recalaron en el C.P. Cacereño y de ellos, sólo 4 han jugado la temporada completa, pues el resto lo tuvo que dejar por “motivos de estudios”.

Mientras tanto, el Trujillo comenzó a ir de mal en peor. “No es que tengan problemas, es que eso es un caos”, aseguran los chavales. Así, los juveniles descendieron de categoría y el equipo titular, donde tantas veces tuvieron que jugar estos juveniles para salvar la dignidad del equipo, ha quedado el último de la tabla y al borde del descenso.

Frente a eso, en el Cacereño “están todos muy unidos, están muy pendientes de nosotros y nos tratan de maravilla”, explican. Y no es para menos, acuden tres veces por semana a entrenar y a todos los partidos, costean todo de su propio bolsillo y, por si fuera poco, son copartícipes de su ascenso a la liga nacional.

A pesar de todo, de que están contentos y satisfechos, sus caras denotan el mal sabor de boca y el pesar que les queda no defender los colores de su club, el C.F. Trujillo. “No es difícil que fuera nos traten mejor que aquí, porque en Trujillo nos han despreciado y maltratado”, comentan apesadumbrados.

Nadie se preocupó por ellos, ni siquiera el Ayuntamiento de Trujillo, que financia la mayor parte del presupuesto del club, quiso tomar cartas en el asunto; ni Julio Bravo, concejal de Deportes y buen conocedor del tema, hizo nada por evitar que Trujillo perdiera a nueve promesas, jóvenes futbolistas de lujo, a sabiendas que otros clubes foráneos se los estaban rifando.

Los resultados están ahí y ni han querido entrar en el asunto, ni han querido explicar del todo los motivos. Con lo que han avanzado puede entreverse que el problema de fondo ha sido, o es, más grave de lo que parece.

Nosotros sólo queremos olvidar esta pesadilla, sólo queremos jugar al fútbol y cuando las cosas y las personas cambien, tal vez decidamos volver. O tal vez, ya sea tarde”, concluyen diciendo.